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 Macross: Proscritos (Actualizado 25/05/2016) 
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Nota Macross: Proscritos (Actualizado 25/05/2016)
Desde que vi Frontier (primer contacto que tuve con Macross), se me antojó la idea de una tripulación de piratas en ese universo. Nunca le dediqué demasiado tiempo a la idea, pero me encontré a mi mismo escribiendo una par de bocetos que al final han terminado en estos dos primeros episodios. Como podéis observar, apenas hablo de la historia de algunos personajes, con la intención de darles un desarrollo lento.

Asímismo, creo que se puede notar que ha recibido algo de influencia de las obras de este sitio Chatarra y Blazing Angels. Y ya no me enrollo más. Espero que sea de vuestro agrado y, os agradecería que le sacarais faltas para poder mejorar yo.

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1-Secuestro.

El sol de mediodía calentaba con fuerza sobre la pequeña y modesta terraza del único bar que había abierto alrededor. Los pájaros se acercaban a las mesas por lo bajo, con aire despreocupado, a ver que podían sisar de las mesas. Un polluelo que recién había dejado de recibir comida de sus progenitores corría tras ellos, quienes lo ignoraban como podían. Una bestia del tamaño de un perro los perseguía alegremente, pero jamás llegaba a atrapar ninguno. Sus dueños ya se habían cansado de llamarlo, así que el animal campaba a sus anchas. Casi derribó a un pobre camarero, quien tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no dejar caer la bandeja que cargaba.

El camarero en cuestión se acercó a la mesa ocupada por dos jóvenes varones, cuyo aspecto los asociaba con estudiantes, ya fuera de bachillerato o de universidad. Al más pequeño de ellos, que vestía una sudadera negra con una calavera y pantalones tejanos le sirvió un té helado, mientras que al más alto, vestido con una camisa blanca de cuadros de color turquesa, pantalones tejanos, luciendo anteojos y una poblada barba en su rostro, le sirvió una gaseosa. Ambos iban ya por la cuarta ronda, y llevaban sentados, por lo bajo, una hora en ese sitio.

Ignasi tomó un sorbo de su té mientras observaba a la multitud de jóvenes, de variopintos géneros y especies que se arremolinaban en frente de una carpa de colores vivos que, al encontrarse sobre un descampado en frente de la plaza del bar, se asemejaba a la de un circo.

-Sigo sin saber-murmuró, después de darle las gracias al camarero-. Qué pollas tiene de raro una audición para otro programa de triunfitos.

Vincent, quien se sentaba de frente y observaba la multitud de forma disimulada usando el reflejo de un servilletero de metal suspiró, lanzando una mirada de soslayo a su amigo y camarada.

-Las órdenes de la capitán son claras, Ignis. Haberle preguntado a ella-dijo, encogiéndose de hombros-. A parte, a veces viene bien salir de la nave y tomar el aire en un planeta.

-No te lo niego-repuso Ignasi-. Pero, qué quieres que te diga, Vin, sigo diciendo que podrían habernos dado más detalles de lo que se supone que tenemos que informar.

La multitud iba entrando a la carpa a medida que los jóvenes charlaban, sin perder de vista su objetivo. Algunos salían de la carpa, con aire desanimado, otros directamente entraban al bar desde el que Ignis y Vin observaban. Todo parecía normal a simple vista. “Parece que los jueces están estrictos”, pensó Ignasi, mientras le sonreía afablemente a una joven que lo miró con aire desanimado.

-¿No hubo suerte?-preguntó el muchacho, sin perder la sonrisa.

La chica suspiró y negó con la cabeza.
-No-respondió, con aire deprimido-. Lo malo es que han cogido a tres crías que iban delante de mí. En serio, no sé si lo que son es productores musicales o una panda de pedof…

-Vale, vale, me hago a la idea-la interrumpió Ignis. Vin entonces abrió los ojos y levantó la mirada hacia la desdichada, mirándola fijamente tras sus gafas.

-Un momento… ¿Dices que ya han cogido a alguien?-preguntó, haciendo su mejor esfuerzo por no levantar la voz-. Pero si sólo hemos visto a gente salir con aire deprimido.

-Por lo visto, les hacen entrar a una especie de segunda entrevista, pero… Ya deberían haber salido-dijo respondió la joven.

Los dos muchachos intercambiaron una rápida mirada. Aquello era señal inequívoca de que, definitivamente, algo extraño estaba sucediendo con esa audición.

-Bah, llevamos un buen rato aquí, seguro que se nos han pasado por alto-rió Ignis, mientras se encogía de hombros-. Perdona por atosigarte de esa manera a preguntas bobas.

La chica sonrió, cansada, y saludó con la mano antes de ir a la barra, sentándose junto a otros que compartieron su misma suerte. Ignasi entonces arrugó la nariz, mientras su compañero trataba de no fruncir el ceño.

-¡Camarero!-llamó Vincent-. ¡Traiga la cuenta, por favor!

Ignasi miró a su amigo, justo antes de levantar el puño a la par que este levantaba su mano abierta. Mascullando una maldición, el primero sacó la cartera y pagó lo que debían. Ambos se alzaron de sus sillas. Los pájaros de repente cesaron su frenética búsqueda de comida y alzaron el vuelo, como si supieran la que se avecinaba. El animal que se asemejaba a un can también pareció notar algo y corrió hacia la mesa dónde se hallaban sus dueños, tumbándose dócilmente bajo ella.

-¿No vas a dejar propina, Ignis?-dijo Vin, sonriendo mientras su camarada abría la cartera de nuevo a regañadientes y dejaba algo más de dinero sobre el platillo en el que se hallaba la factura, dando un golpe que hizo rechinar las patas metálicas de la mesa.

-Te voy a partir las putas piernas, gafotas-dijo malhumorado, mientras echaba a andar junto con su colega-. ¿Alguna idea de cómo vamos a entrar?

El silencio de Vincent fue toda la respuesta que necesitaba. Ignasi entonces pasó la mano por sus rizados cabellos, echando de menos el pañuelo que los solía cubrir. Apretando el paso, avanzó a su camarada y se aproximó a la carpa. Esta estaba rodeada de vallas metálicas dejando un radio de 6 metros de espacio libre, en el que había un par de furgonetas y lo que parecía una unidad de seguridad privada. La única manera de acercarse sin saltar el vallado era pasando a través de un concurrido pasillo donde los aspirantes hacían cola, a la espera de ser escogidos. Ignasi entonces giró en redondo y apoyó su espalda de forma casual en una de las vallas, mirando a su amigo.

-Creo que deberíamos contactar con la capitán-dijo, sabiendo ya la respuesta.

-Negativo. Recuerda que ambos somos proscritos, ergo nuestras señales serían interceptadas. En cuanto las autoridades detecten la señal, esto se va a llenar de agentes. Y me temo que en ese caso estos cabrones se largarán-respondió Vincent, mientras un par de hombres trajeados, presumiblemente agentes de seguridad se acercaban a Ignis, probablemente para decirle que dejase de apoyarse en el vallado.

-Pues mantengámoslos ocupados-repuso Ignis, antes de dar media vuelta-. ¡Hola señor! ¿Qué se le ofrece? ¿Putas? ¿Drogas? ¿Trata de idols? ¿Bolas chinas?

Uno de los hombres, ligeramente más corpulento que su compañero gruñó, mientras que el otro, algo más esbelto, se acercó a Ignis extendiendo su brazo, tratando de enroscarlo alrededor del cuello del muchacho. Este último, con la celeridad del rayo, se agachó, evitando la presa de aquel hombre. Fue entonces cuando el muchacho pasó los brazos entre los barrotes de la valla que lo separaba de los dos hombres y agarró los tobillos de su atacante, para tirar de ellos haciendo que el hombre cayera de bruces. Acto seguido embistió dicha valla, atrapando al hombre bajo ella.

-Estate quieto, piojo-oyó entonces. Ignis tragó saliva y levantó la mirada despacio, para comprobar que el más alto de los hombres apuntaba a él con un arma similar a una pistola. El muchacho soltó una risita.

-Si sabes lo que te conviene, armario, tira el arma-dijo entonces Vincent.
Casi repitiendo lo que Ignis acababa de hacer, el hombre levantó la mirada para ver que era el joven de descuidada barba quien amenazaba con dispararle a él.

-Me parece que no lo acabas de entender. Soy yo quien está apuntando a tu…-pero el hombre no pudo terminar la frase.

Con un ahogado y continuo silbido ocasionado por el silenciador, Vincent lo había llenado de tranquilizantes. Ignis se hizo a un lado rápidamente a la par que el hombre se desplomaba sobre la valla, mientras que su compañero, que atrapado bajo ella trataba de incorporarse, aulló de dolor y cayó de nuevo. Vincent lo durmió también a él, y mientras cambiaba el cargador de su arma, miró a su compañero, con aires de reproche.

-¿Y bien, maldito genio?-preguntó.

-La puerta está abierta-respondió Ignis, mientras se agachaba y procedía a cachear al hombre corpulento.

-Sí, y los aspirantes han huido por patas. La policía o quien esté al cargo de este sitio está al caer, y si nos pillan...

-Tonterías-interrumpió Ignis, extrayendo una insignia de identificación de la chaqueta del hombre.

El muchacho la lanzó a Vincent, quien, extrayendo un dispositivo similar a una tableta gráfica, lo analizó. Tras arquear una ceja, Vin devolvió el artefacto a su camarada.

-Más falsa que un cromo de Maximillian Jenius con gafas de pasta, ¿No?-dijo Ignis. Su compañero asintió con la cabeza.

-Ya sabemos que están haciendo cosas turbias, y las autoridades se presentarán aquí en breve-afirmó el muchacho, mientras el otro extraía una porra del cinto del todavía inconsciente impostor y se incorporaba de nuevo-. Así que ya no hay por qué mantener un perfil bajo.

Sin mediar más palabra, los dos muchachos se acercaron a la carpa. Los otros miembros de ‘seguridad’ habían visto el cacheo, y estaban más preocupados por darse a la fuga que por detener a los intrusos. Estos ya habían llegado a la apertura de la carpa y pasaron a su interior. Allí se hallaba un escenario improvisado, con tres pequeñas mesas en frente. Encima del escenario se encontraba una estructura de metal que sostenía el alumbrado del mismo. Todo recordaba el proceso de selección de un Talent Show, si este tuviera un presupuesto bastante miserable. A Ignis le costaba entender que las víctimas no huyeran despavoridas al ver semejante esperpento de escenario, pero se ahorró el comentario sabiendo que sería sermoneado de nuevo por Vincent.

Este último rodeó el escenario y se acercó a las mesas. Dónde se suponía que se debían encontrar las sillas sólo se podían ver tres círculos blancos en el suelo. Vincent los golpeó suavemente con las yemas de sus dedos. A juzgar por el calor que estos desprendían, se trataban de proyectores holográficos, y su uso era bastante reciente. El joven asumió que se quien quiera que estuviese detrás de todo, ni siquiera se había personado en ese lugar. O peor aún, se había hecho pasar por otra persona. Tras extraer los discos del suelo, Vincent se incorporó y fijó su mirada en una grande y estrecha apertura que había al fondo de la carpa. La primera impresión que Vincent había tenido al entrar era que el recinto parecía más grande desde fuera. Y ahora ya sabía por qué.

-Ignis-llamó, señalando la apertura.

Ignasi asintió y ambos se acercaron a la brecha. Justo cuando iban a entrar, un gigantesco pie emergió de ella y pisó el suelo con fuerza. La pareja alzó la mirada para ver a su gigantesco dueño. Un Zentran, de baja estatura para los estándares de su especie, miraba hacia el escenario con furia. Su cabello, oscuro como el azabache contrastaba con su tonalidad de piel, de un casi enfermizo color rosa pálido. Sus ojos, de color morado, rastrearon los alrededores del escenario, demasiado ocupados como para mirar a sus pies.

-¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?-bramó el gigante-. ¿DÓNDE ESTÁN TODOS?

-Uy-siseó Ignasi, mientras Vicent tecleaba con furia su dispositivo. Finalmente sonrió aliviado.

El zentraedi entonces bajó su mirada hasta los muchachos. Tras soltar un gruñido, retrocedió. Sus piernas estaban algo encorvadas, pero tensas. El coloso estaba listo para patearlos en cualquier momento.

-Vosotros-dijo entonces-. No recuerdo haberos contratado.

-No-dijo Ignis, intentando demostrar más coraje del que realmente sentía-. Me contrató tu señora madre para que por las noches le diera algo de placer a la pobre.

El zentran rugió con ira y lanzó su pierna derecha contra el ‘diminuto’ joven quien, haciendo de nuevo gala de una increíble celeridad se hizo a un lado, evitando una patada que probablemente lo hubiera matado. Vincent saltó hacia atrás, algo más lejos de su alcance. El gigante, por su parte, giró sobre sí mismo, encarando de nuevo a Ignis. Cuando ya estaba dispuesto a soltar otra patada, notó un par de ligeros pinchazos en la nuca. Enfurecido, vovió a girar, encarando a Vincent.

-Tú…-farfulló, para luego correr detrás de la lona de nuevo.

-¡Eh, bulldozer!-gritó Ignis, mientras se apresuraba a seguirlo-. ¡Que tu madre me debe varios polvos sin pagar! ¿Te paso factura a ti? ¿O te cobras en especias, guape…? Gua… Guau…-terminó, con un hilo de voz.

Lo que el muchacho vio entonces lo dejó sin habla. Detrás de la lona, a su derecha se encontraban varios cilindros que se asemejaban a pequeñas cámaras de miclonización. En su interior, se hallaban personas, completamente desnudas, y en estado de inconsciencia. El muchacho cayó sobre su trasero. Y fue entonces cuando cayó en la cuenta. Este no era de arena como debería ser, si no de metal. ¿Estaba en una nave? El joven se incorporó de un salto, mientras Vincent aparecía detrás de la lona.

-¿Qué dem…?-siseó.

Ambos jóvenes miraron hacia su izquierda y alzaron la vista. El zentraedi se encontraba ante ellos, dándoles la espalda y manejando lo que parecía un cuadro de mandos. Si bien Vincent había vaciado el cargador en coloso gastando así toda su munición, tras sentir una pequeña sacudida que venía del exterior sabía que no tenía que disparar una bala más.

-¡Oye hijo de la gran pu**!-gritó Ignasi-. ¡¿Qué hostias significa esto?!

El zentraedi se giró y lo miró, con una sonrisa burlona a la par que amenazante.

-Nada que puedas detener, miclón-respondió, acto seguido agachándose-. Y ahora ven que te aplaste como el gusano que er…

Pero no puedo terminar la frase. Ignis, en un arrebato de ira, le lanzó la porra que le había arrebatado al falso guardia, clavándola en su ojo izquierdo. El gigante aulló y se abalanzó hacia los muchachos, que de nuevo se hicieron a un lado para evitar ser aplastados. El gigante balanceó los brazos, pues la ira lo cegó por completo. Se estaba acercando peligrosamente a los prisioneros. Vincent lanzó su arma contra la entrada con todas sus fuerzas, produciendo un chasquido metálico. El coloso mordió el anzuelo y se lanzó al exterior.

-¡¡OS APLASTAR…!!-chilló, soltando un ahogado quejido antes de poder terminar la frase.

Vincent suspiró aliviado, mientras Ignasi se dejaba caer, su ira apagándose lentamente. La caballería había llegado. Ambos muchachos se arrastraron fuera de la extraña sala. Allí, podían ver como una meltrandi, algo más alta que el zentran hostil, tenía inmovilizado al susodicho. Este intentaba desesperadamente liberarse de la presa, pero la gigantesca mujer lo agarraba fuertemente.

-Lor, joder, un poco más y no lo contamos-se quejó Vincent.

La gigante clavó sus ojos de color violeta en el joven, frunciendo el ceño. Su pálido rostro estaba parcialmente cubierto por sus largos y alborozados cabellos color azabache, pero ambos jóvenes podían sentir como se enfadaba por momentos.

-¡Mira, bichejo…!-farfulló-. ¡Si no fuerais armando escándalo como malditas divas, ni siquiera había tenido que intervenir! ¿Qué es lo que entendéis vosotros dos por ‘No llaméis la atención’, eh?

-La culpa es de Vin, que es un violento-dijo Ignis, llevándose un puñetazo en el hombro por parte del aludido.

Mientras tanto, el zentran dejó de forcejear. La anestesia por fin había empezado a hacer efecto. Lor lo soltó y se acercó a sus dos camaradas, para, con su inmenso rostro apenas a unos centímetros de ellos, examinar sus cuerpos.

-Para postre, ninguno tenéis ni un triste arañazo…-dijo-. Al final seré yo la que se lleve la peor parte.

-Nah, la bronca de la capitán nos va a caer a todos por igual-suspiró Vincent con tono conciliador, mientras un escalofrío recorrió los cuerpos de los tres.

Mientras los niveles de adrenalina recuperaban la normalidad, ninguno de los jóvenes reparó en que el panel de mandos seguía funcionando. Tampoco se preocuparon de ver que el Zentran no buscaba huir, si no asegurar la mercancía. Y cuando notaron el temblor que la pequeña nave, camuflada debajo de la lona, ya era tarde. Las compuertas se cerraron y la lona se elevó sobre sus cabezas. La nave estaba en marcha y nadie de los presentes podía detenerla.
Lor saltó a la nave y se aferró a ella, tratando de tirar hacia abajo. Pero el motor era mucho más poderoso que la meltrandi. La joven empezó a elevarse lentamente por los aires junto con el vehículo.

-¡Suéltala, Lor!-gritó Vincent, sabiendo que no obtendría respuesta-. ¡No podrás con ella!

Ignis entonces corrió hacia la gigante y trepó desde su tobillo hasta su hombro, y de ahí saltó hacia la nave. Lor, imaginando lo que el joven iba a hacer negó con la cabeza, mostrándole los dientes. Pero Ignasi la ignoró y agarró sus enormes dedos, tirando hacia afuera. La presa de la meltrandi cedió, y sin que nadie la retuviera, la nave salió disparada hacia los cielos. Lor cayó de espaldas, pero se incorporó rápidamente y alzó su brazo, mirando con rabia al joven que se aferraba a su muñeca.

-¿QUÉ HAS HECHO?-bramó.

-Evitar que la palmes en el espacio-respondió Ignis-. Y ahora, si nos largamos antes de que venga la poli, igual hasta podemos seguir esa cosa.

La meltran miró al muchacho durante un largo rato en silencio, con los dientes apretados. Finalmente, gruñó y se liberó del joven con un rápido movimiento, haciendo que este cayera al suelo. Incorporándose, se dirigió a un Queadluun que se hallaba en la entrada de la carpa, del que extrajo una caja metálica con varias ventanas en sus costados. Presionando un enorme botón en la parte superior, se abrieron dos compuertas.

-Subid, anda…-dijo, con aire cansado. Su sangre zentraedi, combinada con su estado actual como macron, la había traicionado de nuevo, y había sentido el impulso de estrujar a su amigo hasta matarlo-. Lo siento, yo…

Ignis sonrió y se encogió de hombros, entrando a la unidad de transporte. Era evidente que él también se había dado cuenta. Una vez los dos jóvenes estaban dentro, Lor cerró las compuertas y montó su Queadluun. Hubiera querido explicarse, pedir perdón, gritar, llorar, patalear… Pero al oír sirenas a lo lejos, supo que debía irse en cuanto antes. Ya tendría tiempo de hacerlo en casa, miclonizada y con mucha, mucha más calma. Agarró con desgana al Zentran que yacía inconsciente cerca y alzó el vuelo, perdiéndose en el firmamento sin que ninguna unidad preparada pudiera seguirla.

(***)

Maragda, preocupada, mantenía sus ojos fijos en el firmamento que desde su cabina se veía. Llevaba casi veinte minutos incorporada y en la misma posición. Estaba demasiado nerviosa ya como para seguir sentada. Quizás, sólo quizás, esos tres no estaban lo bastante maduros para mandarlos a hacer un reconocimiento. Pero sabía que los jóvenes, incluido Vincent, eran demasiado inquietos y necesitaban algo de acción. Suspiró, y quiso reírse de sí misma. Ella, una criminal buscada por todo el universo, Capitán de la flota más temida de piratas espaciales, preocupada porque tres mocosos no daban señales de vida desde hacía un rato.

-¡Capitán!-exclamó una voz entrecortada. Maragda llegó al escritorio de un salto y presionó un botón. El holograma de Marcos, uno de los miembros de la sección de comunicaciones, apareció en su escritorio-. Lor acaba de comunicarse con nosotros. Todos están de regreso, y traen noticias.

Maragda suspiró y sonrió aliviada, para acto seguido cuadrarse y mirar al holograma, aunque sabía que este no podía verla a ella.

-En cuanto lleguen, que se den una ducha y se presenten en mi despacho-ordenó, cortando acto seguido la comunicación. La mujer se dejó caer sobre su sillón y volvió a suspirar, esperando que su preocupación fuera sólo pasajera.


Última edición por hostiaurelio el Mié May 25, 2016 9:41 am, editado 1 vez en total



Mar May 17, 2016 6:44 pm
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Nota Re: Macross: Proscritos
2-Maragda y la Star Platinum.

Lor salió de su camarote, mucho más calmada. Su largo cabello color azabache se hallaba ahora recogido en dos trenzas bien peinadas y lisas que caían por su espalda. Como ganado de camino al matadero, la joven avanzaba cabizbaja hacia el camarote de su Capitán. Fue entonces cuando vio que Ignis y Vin la estaban esperando. El primero no cesaba de dar golpes de talón en el suelo, mientras que el segundo mantenía la vista hacia el techo, con los brazos cruzados.

-Chicos, yo…-empezó Lor sin atreverse a levantar la mirada, justo antes de que Ignis tirase de una de sus trenzas-. ¡Ay! ¿Qué haces, animal?

-Ale, ya estamos en paz-repuso el muchacho-. Y ahora vamos, que toca sufrir.

El grupo siguió avanzando, con aire lúgubre hacia el camarote de su capitán. Vincent suspiró y se llevó las manos a la cabeza.

-Nos va a matar-dijo.

-Yo tengo fe de que os mate a los dos, por insumisos, yo sólo fui a sacaros las castañas del fuego-apuntó Lor, tratando de sonreír.

-Vete a parir panteras-le espetó Ignis, mientras el grupo llegó a la gigantesca compuerta.

Todos miraron hacia arriba intimidados, sin atreverse a llamar. Maragda, su capitán, era una Meltrandi imponente. Casi el doble de alta que muchos de su raza, con largos y dorados cabellos que llegaban a sus tobillos, y cuyos ojos de color rojo carmesí y suave, pero poderosa voz era suficiente para intimidar a cualquiera. Su ademán, normalmente relajado la hacía parecer un depredador a punto de saltar hacia su presa.

-Podéis pasar-oyeron, mientras la compuerta se deslizaba hacia un lateral. Así que ya sabía que estaban ahí.

Los tres jóvenes se adentraron en el camarote de la capitán, quien les esperaba sentada en su escritorio. Pese a su enorme tamaño, había unas escaleras en el otro extremo de este que permitían acceder arriba, para que todo el mundo pudiera hablar de igual a igual con ella. Lejos de ser un alivio, pues el ascenso fue pesado cual reos camino del patíbulo. Ni siquiera Ignis que con su pequeña estatura se había acostumbrado a subirlas corriendo, ni Lor que las solía subir de dos en dos, apretaron el paso aquella vez. Una vez llegaron arriba, el trío empezó a farfullar excusas, mirando hacia abajo.

-Vuestro prisionero ha cantado bastante rápido-les interrumpió la firme voz de la capitán, que se alzaba sobre la amalgama de excusas. Intentaba sonar seria, pero había un cierto deje de placer en su tono-. Parece que lo asustasteis bastante. Ya sabemos dónde se han llevado a los secuestrados, y supongo que en unas horas podremos sonsacarle su propósito.

Ninguno de los jóvenes se atrevió a abrir la boca, pero en la mente de todos ellos se encontraba el mismo pensamiento. ¿Iban a salir indemnes?

-No lo malinterpretéis. Quedaréis relegados de vuestras tareas habituales, y os dedicaréis en exclusiva a limpiar el puente de mando, mi camarote, los aseos y las duchas por un mes, como poco-prosiguió Maragda-. Pero… No puedo decir que con vuestra edad, yo no hubiese hecho lo mismo. Y si no hubierais intervenido, es probable que para cuando hubiese mandado una unidad de ataque, esa sabandija ya hubiese volado lejos.

-E… Entonces, Capitán… ¿Por qué nos castiga?-farfulló Ignis.

-Porque podíais haber avisado y esperado órdenes-respondió la meltrandi-. Porque habéis llamado la atención sobremanera. Porque vuestra coordinación fue tan penosa que no avisasteis a vuestra compañera del cambio de planes hasta que os visteis completamente acorralados y la necesitabais. Y sobre todo, porque habéis tomado vuestras vidas tan a la ligera que…-Maragda suspiró-. Recordad que no sois militares. Ninguno de nosotros lo es. Y por tanto, si bien arriesgamos nuestras vidas, no nos las tomamos tan a la ligera como ellos. ¿Ha quedado claro?

-S… sí-farfulló Ignis. Lor asintió con la cabeza, y Vincent murmuró “Cristalino”.

-Bien, os podéis retirar. Vuestras labores de castigo empezarán mañana. Dad gracias a que os concedo un día de asueto-dijo Maragda. El trío se dio la vuelta-. Tú no, Lor, tenemos que hablar.

Lor paró en seco. La joven sintió una arcada. Realmente llegó a pensar que se había librado. Su casco llevaba un pequeño sensor de ondas cerebrales. Si bien no era nada comparado con lo que Gulg Goa Bowman llevó cuando pilotaba el YF-21, era capaz de detectar las emociones que ella sentía, almacenando los patrones cerebrales para su posterior análisis. En resumidas cuentas, que la Capitán estaba al tanto de su… Arranque de ira. Ignis y Vincent miraron a la muchacha, sonriéndole e intentando darle ánimos mientras abandonaban la sala. Ella simplemente saludó y se volvió a dar la vuelta.

-¿Sí, mi capitán?

Maragda esperó a que los otros dos hubieran salido de su camarote antes de empezar a hablar. Se incorporó de su silla, casi doblando su tamaño en el proceso y miró hacia la ventana. Su vista se perdió entre el firmamento. Pensó que era mejor si la joven no veía su rostro.

-Tengo entendido que casi matas a tu compañero por salvarte la vida-dijo. Se maldijo a si misma por decirlo de aquella forma, pero sabía que no debía suavizar sus palabras. Y tuvo que luchar contra sí misma para no darse la vuelta cuando la diminuta meltrandi que había en su mesa sollozó.

-Só… Sólo…-farfullaba Lor, entre lágrimas.

-Mira, Lor. Sé que tú no eres esa clase de persona. Que te cuesta acostumbrarte a los impulsos que tenemos los Zentraedi, especialmente cuando no estamos miclonizados. Pero aun así, estuviste apunto de hacer algo muy grave. Algo que tú misma jamás te hubieras perdonado.

Lor miró hacia el suelo, intentando sin éxito detener el flujo de lágrimas que corrían por sus mejillas, pero, simplemente, no podía. Se imaginaba a si misma siendo una máquina de asesinar, una bestia primitiva que sólo pensaba en eliminar a su adversario… Se imaginaba a si misma convertida en la persona que durante años, consideró su madre.

-Cómo sé que es difícil controlar esos sentimientos, especialmente con tu edad, pensé que lo mejor era que estuvieras siempre miclonizada, excepto en los entrenamientos y en esta primera misión. Pero, y que esto no salga de aquí, reconozco que fue un error.

Esa última frase bastó para lograr lo que la muchacha llevaba rato intentando. Como si alguien hubiese cerrado un grifo, la joven dejó de llorar en seco. Sus ojos se alzaron para ver a su Capitán, quien seguía mirando hacia el cosmos.

-Es por eso que, una vez termines con el castigo que os he impuesto, te daré los mismos privilegios que los otros Zentraedi de esta nave. Podrás… No, en tu caso, deberás estar las 24 horas del día macronizada. Harás tanto vida normal cómo misiones en este estado, para así aprender a dominar tus instintos. No tendrás un respiro ni para dormir y, sé lo que digo, te va a ser imposible las primeras noches. Durante este periodo, con que tengas un solo desliz, te juro por mi honor como Capitán de esta nave que te apartaré por completo de cualquier actividad y pasarás el resto de tus días fregando retretes. ¿Estás de acuerdo?

Lor retrocedió un paso. No estaba segura de querer volver a eso. No estaba segura de si quería seguir haciendo cualquier otra cosa que no fuera fregar retretes. O cualquier actividad no violenta. Pero estaba en un navío pirata. Ella era una miembro más. Se acordó de sus amigos. Ella les había tenido que salvar hacía apenas unas pocas horas… ¿Se lo habría perdonado, si ellos hubieran resultado heridos, o peor, por el mero hecho de que ella estaba asustada de sí misma?

-Sí, señora, cristalino-respondió Lor, con voz decidida.

Y fue entonces cuando Maragda por fin se dio la vuelta y esbozó una sonrisa, casi maternal.

-Confío plenamente en tus capacidades, Lor-dijo-. No me decepciones.

(***)

La Star Platinum, nave de Maragda, era un gigantesco buque, originalmente basado en un nupetiet-vergnitzs, similar al que usaba Vrlitwhai Kridanik durante la primera guerra espacial. No obstante, su escala era mucho mayor, casi tres veces más grande que la original. Así mismo, el tono verde de la original era sustituido por un casi llamativo color plateado, que brillaba con el mismo poderío que una enana blanca en la lejanía. Un colosal Jolly Roger de color carmesí decoraba la proa de la nave, y en la parte superior de esta, cerca de la popa, se hallaba un gigantesco e inútil mástil sobre el que ondeaba una bandera tan negra como firmamento. Todo ello resultaba en una extraña combinación entre nave interestelar y barco pirata, que si bien a primera vista parecía ridícula y exagerada, el significado y peso de su sola presencia en algún radar era tan poderoso, que muchas naves de colonización que contaban con la desventura de cruzarse con ella inmediatamente enviaban señales de rendición, las cuales jamás eran correspondidas.

Las instalaciones de la nave, si bien estaban adaptadas tanto para humanos y miclones como Zentraedi en su tamaño natural, no eran ni de lejos las de una Bioplant actuales. Los tripulantes tenían camarotes asignados individualmente. Esos, habitaciones alargadas de apenas 10 metros cuadrados (incluso aquellas destinadas para los Zentraedi contaban con medidas similares, pero a escala), y contaban con una cama, un modesto escritorio, un armario ropero y dos estanterías. Entre dichas estanterías se hallaba una ventana cuadrada de metro y medio de altura, la cual daba al espacio. Esta contaba con una persiana de metal que bloqueaba por completo cualquier atisbo de luz del exterior, para proporcionar mejor descanso a quienes así lo desearan. Una pequeña puerta separaba la habitación de un cuarto de baño, que tenía un pequeño plato de ducha, un lavabo con espejo y un retrete.

La iluminación de la nave contaba con bombillas fluorescentes que emitían rayos UVA. La luz era muy parecida a la de un sol, y la irradiación era lo más moderada posible. Parecía que dentro de la nave siempre fuera primavera. Una primavera rodeada de metal. Durante las horas de descanso, las luces se tornaban mucho tenues, y dejaban de emitir el mismo calor diurno, intentando proporcionar de la misma forma un apropiado descanso a la tripulación.
Luego los tripulantes contaban con diversos lugares de ocio, como unos extensos jardines en el interior de la nave cuya iluminación y temperatura eran bastante más veraniegas, un par de Pubs, un salón de juegos con recreativas y otros juegos (incluso había un par de mesas de póquer para los más nostálgicos del dicho juego, que casi formaba parte del olvido), y una piscina muy extensa.

Cerca de dichos jardines se hallaban unos invernaderos, dónde a modo de huerto se cultivaban infinidad de frutas y verduras, además de otras flores y plantas que luego serían trasladadas a los jardines. Muchos tripulantes que no deseaban verse envueltos en combate, pero sí contribuir a la causa trabajaban allí de muy buena gana pese al duro esfuerzo físico que suponía.

La tripulación era de lo más variopinta. La capitán Maragda no solía hacer demasiadas distinciones entre los miembros de su navío, ocasionando así que humanos y zentraedi de todos los géneros, tamaños, ideologías y gustos convivieran bajo un mismo techo. Esto ocasionaba alguna trifulca menor, pero el respeto que unánimemente sentían por su capitán rápidamente terminaba con dicho incidente sin tener que lamentar nada. Por si acaso, la nave contaba con un calabozo, para los miembros más disidentes. Tres estancias en el calabozo conllevaban la expulsión permanente de la tripulación, y al exiliado se lo cargaba en una cápsula de escape con provisiones para un mes y un rumbo fijo hacia el planeta habitado más cercano.

Poco se sabía de la ya mencionada Maragda, su capitán. Los más veteranos de la tripulación, apenas sabían que su verdadero nombre era Maar Gda, que era una meltrandi engendrada por la unión de dos de su especie, y que el planeta del cual procedía hacía años que había sido borrado del mapa. Las malas lenguas, especialmente desde fuera de la nave aseguraban que la responsable de ello fue la misma capitán pero nadie se atrevió jamás a mencionarlo en frente de esta, dejando así inconclusa esta duda. Los rumores también hablaban de su brazo izquierdo, que siempre se hallaba cubierto en su totalidad, cosa que avivaba la idea de que dicho brazo fuese en realidad una prótesis. Su gigantesco cuerpo tampoco se libraba de los cuchicheos, y es que se creía que la capitán había modificado su cuerpo genéticamente para el combate, pues Zentraedi tan grandes eran muy raros (por no mencionar ya a Meltrandi).

Muchas noches, cuando la mayoría de la tripulación descansaba y sólo unos pocos montaban guardia, la Capitán iba a alguno de los pubs de la nave y tomaba alguna copa. Cualquiera era invitado a beber con ella, pero pocos eran los que aceptaban dicho ‘privilegio’. Maragda, incluso cuando se quitaba el rol de Capítan de encima, era imponente en demasiados aspectos, y sólo los tripulantes más allegados a ella se sentían cómodos con su presencia.

(***)


-La va a crucificar-digo Vincent, nervioso.

-No, se la va a comer. Cruda-repuso Ignis.

-La crucificará y luego se la comerá-concluyó el primero.

Tanto él, como Vincent, como parte de la tripulación se hallaban en el comedor. Este se asemejaba bastante al comedor de un instituto; pues cada tripulante debía de coger una bandeja y llenarla de la comida que quisiera. Los recursos en esa nave no eran ningún problema, así que el catálogo gastronómico era bastante extenso. Piers, un joven varón que estaba sentado al lado de Vincent, y jugueteaba con una patata horneada negó con la cabeza.

-No hombre… Nuestra capi no es un monstruo-dijo, calmado.

-Ya, eso de que sea la mujer más buscada del universo es puro postureo-repuso Vincent, con sorna.

-Vale, quizás lo es, pero no esa clase de monstruo-rio Piers-. Vosotros tranquilos, que ya veréis como Lor va a salir bien parada de esta.

Ignasi y Vincent intercambiaron una mirada rápida. Piers bajó la mirada hacia su bandeja, y asumiendo que no había nada que les hiciera cambiar de opinión hasta que volvieran a ver a su amiga, intentó contener un suspiro. Bajó su mano al bolsillo y sacó un pequeño estuche rectangular de plástico transparente, que contenía en su interior una baraja de cartas.

-¿Cartas para cuando Lor vuelva? Avisaré a los demás a ver si tienen un rato-dijo, intentando sin éxito desviar el tema de la conversación.

-Cuando vuelva-repuso Ignis-, será con los pies por delante.

-En un ataúd-puntualizó Vin.

Piers finalmente se rindió y soltó un gruñido, mientras se incorporaba con su bandeja ya vacía. Piers era un joven de piel oscura, con cabellos cortos, lisos y negros como el azabache. Sus ojos marrones descansaban detrás de un par de anteojos, y ya a sus veintidós años, su rostro regordete no mostraba signos de poblarse de vello facial en un futuro próximo. Su corpulento cuerpo desentonaba con su actitud despreocupada y relajada. Piers solía vestir camisas de cuadros y pantalones tejanos de color azul, combinado con deportivas, incluso cuando estaba de servicio.

Piers había nacido a bordo de la nave. Sus padres fueron dos civiles humanos, que años atrás rescatados de una nave de colonización que había sido atacada por un batallón Zentraedi. Su madre, Delilah, había dado a luz a las pocas horas de ser rescatada. Su marido no había corrido la misma suerte y había dado su vida para que la mujer escapase en una capsula de rescate individual.

Si bien no fue el único caso en el que un miembro de la tripulación había dado a luz, la mayoría de padres abandonaban el barco con sus hijos, dispuestos a darle a sus vástagos una vida mejor y con suerte, más alejada del peligro. Por el contrario, Delilah había decidido quedarse en el barco. Era una experta cocinera, y tras ser ascendida a jefa de cocinas los platos que se servían en el barco eran insuperables. No obstante, con el recuerdo de su difunto marido en mente, Delilah sólo mantuvo relaciones ocasionales con algunos tripulantes, sin llegar a desarrollar con ellos ningún tipo de relación sentimental. Por tanto, sin un padre, Piers había sido criado por prácticamente toda la tripulación.

Quizás era por el hecho de haberse relacionado con todos desde su más tierna infancia, pero ello hacía que Piers fuera una de las pocas personas que, pese a no tener demasiado trato con su Capitán, ni la endiosaba ni la demonizaba a diferencia de los miembros más novatos de la tripulación (e incluso algunos veteranos). Piers había adquirido también las dotes culinarias de su madre, además de un talento innato para la informática, tanto a nivel de hardware cómo de software. Así pues, se dedicaba sobre todo a la seguridad lógica de la nave. Debido a su relajada actitud y forma de ser, en seguida hizo buenas migas con Vicent, Lor e Ignis cuando estos llegaron a la tripulación, y los tres lo veían como a un hermano mayor.

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¡Jajá! ¡Ambigüedad! ¡Referencias a JoJo! ¡Descripciones horrendas y narrativa cansina! ¿Qué más se puede pedir?


Mar May 17, 2016 6:54 pm
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Nota Re: Macross: Proscritos
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Comentó en spoiler como para no arruinarte la linea del cuento, jeje...

Wow... Macross: Blazing Angels te inspiró?
Bueno, supongo que no es nada nuevo.
Digo, si de pronto un nabo como yo, puede escribir, por que tu no? jajaja...

Al rato lo leo con mas detenimiento, y comento algo mas detallado.

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Mar May 17, 2016 9:37 pm
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Nota Re: Macross: Proscritos
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Ikaruss escribió:
Wow... Macross: Blazing Angels te inspiró?


Pues... Sí, (alerta spoiler, no leer antes de terminar el primer capítulo). La parte en la que se menciona lo duro que es triunfar como cantante o artista me dio la idea en la que transcurre el primer arco argumental, con el falso cásting al que muchos jóvenes desesperados se apuntan para terminar secuestrados


3. Castigo

Las duchas eran la parte que Vincent más detestaba limpiar, y parecía que su capitán lo sabía. Los retretes eran sucios, y los habilitados para Zentraedi eran un mundo de suciedad, pero nada comparado con tener que limpiar el filtro de los desagües de las duchas. Cabellos enmarañados (aquellos de los filtros de las duchas femeninas a veces parecían algas de río), con algún recorte de uña y que desprendían un hedor que mezclaba los peores olores que un ser humano podía producir más la suma de miles de distintos jabones y chapús. Era un espectáculo de lo hediondo.

-Bueno, canalla, al menos puedes ducharte al terminar-le recordaba Piers siempre que podía-. Los pobres Ignis y Lor tienen que hacer todo el camino desde los aseos hasta las duchas.

Le daba igual. Aun así los prefería. Pero esas palabras le hacían reflexionar. Ignis tenía un olfato muy fino (todos sus sentidos a excepción de la vista estaban bastante agudizados), sintiéndose más asaltado por los olores que por la mugre en sí, así que limpiar retretes debía ser igual de malo para él que hacer las duchas a Vincent. Y Lor… La pobre apenas podía recoger sus largos cabellos en un gorro para que estos no se mancharan o tocasen parte del retrete. Cuando alguna vez una de sus trenzas se liberaba de su prisión y golpeaban el inodoro o el suelo, la joven soltaba tales chillidos que al principio muchos temían que esta se hubiera lastimado. Era obvio que antes que los aseos y las duchas, cualquiera de los tres hubiese aceptado cualquier castigo. No cabía duda que Maragda sabía cómo castigarlos.

(***)

Pero, aunque los tres la imaginaban regocijándose en su cabina ante su sufrimiento, la capitán de la Star Platinum no tenía espacio en sus pensamientos para ellos. En su lugar, esta se hallaba en los calabozos de la nave, mirando con desprecio al Zentran que se encontraba encadenado tras los barrotes. Este la miraba con una sonrisa burlona, y ojos llenos de lujuria.

-Quien me iba a decir que esta nave iba a estar capitaneada por semejante belleza-dijo el Zentran.

Maragda apretó los dientes, reprimiendo los deseos de arrancarle la cabeza al prisionero. Lo necesitaban con vida por el momento, y por desgracia, él lo sabía. Durante los tres interrogatorios que sus hombres le habían hecho, apenas habían obtenido alguna información veraz. El maldito Glock, que así afirmaba llamarse, se encogía ante cualquier atisbo de tortura hacia él, y se ponía a aullar farfullando mentiras de forma tan convincente que no tenían más remedio que creerle. La Meltran recordó esas imágenes y sonrió, burlona. Ella no iba a caer en lo mismo.

-Soy demasiada mujer para una desgracia de hombre como tú-le espetó-, que deja que unos críos que a duras penas han alcanzado la mayoría de edad le den una paliza. Y menos cuando dos de ellos apenas alcanzan sus rodillas. Puedo afirmar sin lugar a dudas que eres la vergüenza de toda la raza Zentraedi al completo. Enhorabuena.

Glock frunció el ceño y ahora fue su turno de apretar los dientes con fuerza. Maragda se percató de eso. Estaba segura de que, por muy rastrero que ese hombre pudiera ser, aún conservaba la irascibilidad casi irracional que compartían muchos de su raza. Y ella acababa de hurgar en la herida que más le dolía en aquel momento. Ahora llegaba el momento de preguntarse a sí misma qué camino debería seguir. Y finalmente, optó por el método que, debido a la compasión, aún no habían probado.

-Créeme que solo por eso me dan ganas de darte muerte yo misma, sólo para que algo tan patético como tú deje de mancillar el nombre de una raza guerrera antes temida por el universo-prosiguió, hablando lo más pausada que podía. Intentó no reírse de sus propias palabras-. Pero… ¿Sabes? Mejor te entrego a tus camaradas de una pieza una vez nos crucemos con ellos. Seguro que les encantará saber cómo has cantado.

-Que te jodan, perra-sopló el Zentran-. No pienso hablar.

-Oh, claro que lo harás, pichón-repuso Maragda, con seguridad-. Porque hay muchas formas de hacerte hablar sin dejarte irreparable. Tenemos médicos muy buenos.

-Hablas mucho, como tus lacayos. Pero ninguno de ellos me ha puesto la mano en…

La meltrandi entonces abrió la puerta de la celda de una poderosa patada, reventando la cerradura de la misma con la fuerza bruta del impacto. A base de pisotones, la titánide se acercó al otro gigante, quien trataba por todos los medios de mantener la compostura, pues sabía que ante semejante mujer, fingir no servía de nada. Maragda entonces, con una celeridad impropia de alguien (o algo) de su tamaño agarró a Glock con su mano derecha por la garganta, y lo alzó varios metros hasta su rostro.

-Mis hombres no te han tocado porque les das mucha pena. O asco. Pero yo no soy tan escrupulosa. Ahora, recuerda bien estas palabras, escoria-dijo la capitán, sin perder la compostura-. Voy a romperte. Cada tendón, cada hueso de tu cuerpo va a quebrarse hasta que hables. Te vas a convertir en un gusano repugnante y patético que no va a poder moverse de otra forma que arrastrándose. Pero… No te mataré. Cuando estés en el borde de la muerte, pondré todos los medios disponibles a mi alcance para tu recuperación. Y cuando por fin te vuelvas a sentir que eres humano… Entonces empezaremos de nuevo. Y repetiremos eso hasta que hables.

-N… No… Te atreverás… No…-farfulló Glock.

-Sólo para que quede bien claro. Lo único que me importa que hables, y me digas la verdad, Glock. Porque si no… consideraré que me estás faltando al respeto. No me importa cuánto tardes o lo que le pase a esos pardillos secuestrados. Lo único que en estos momentos me importa es que hables.
El zentran pataleaba en el aire de forma desesperada. Sus brazos trataban de abrir la presa de acero que la titánide ejercía sobre su cuello. Sus lamentos, sus ahogadas súplicas cayeron en oídos sordos, pues nadie de aquel barco iba a sentir la más mínima piedad por él, en caso contrario la capitán se encargaría de que ellos jamás supieran lo ocurrido en aquel calabozo. Fue entonces cuando bajo él, empezó a oírse un continuado goteo, mientras que un aroma nada agradable se mezclaba con el ambiente.

-Dime, por amor de Dios, que no te me has meado encima-murmuró Maragda.

-Por… Favor… Sólo sé… Zenterprises… Ellos pusieron el dinero, yo solo tenía que…-fue lo último que llegó a articular Glock, antes de que, repentinamente, la capitán, con un salvaje y gutural grito, cumpliera con su palabra.

(***)

Ajenos a todo aquello y tras su jornada de castigo, Vincent y Lor descargaban su odio en una recreativa que se hallaba en la sala de juegos. Un clásico juego de disparos sobre raíles con armas virtuales, en el que encarnaban a pilotos de VF peleando contra flotas Zentraedi. De vez en cuando, el muchacho, algo ruborizado, miraba de reojo a la joven que disparaba con furia a los objetivos de la pantalla. En una de estas, la muchacha se giró, jadeando.

-¿No te da pena?-salió del paso Vincent-. Quiero decir, ellos son…

-Como sigas, te doy-repuso Lor, amenazadoramente.

Vincent no se dio cuenta de que esta no le miraba del todo a él, sino a su puntuación, mucho más alta que la de la meltrandi. Sin mediar más palabra, la joven se giró y prosiguió la batalla virtual, mientras que su amigo suspiró y la siguió. No muy lejos de los dos, se encontraba Ignis, jugando una partida de billar contra Piers. De todos los juegos que allí había, ese era el que peor se le daba a Ignasi, pero este jamás negaba un desafío.

-¡Coño!-masculló, mientras otra bola salía de la mesa y rodaba bajo un mueble-. Piers, ayúdame a sacarla.

-Sácatela tú, cerdo-rió Piers-. Y por lo de la esfera, tampoco te ayudo. Que ya llevas tres turnos así, so cafre.

Ignis siguió murmurando maldiciones mientras trataba, sin suerte, de arrastrar la bola hacia él usando el taco de billar. Piers se encogió de hombros y, dando la partida por inconclusa, dejó su taco en la mesa, procurando que este no tocase ninguna bola. Fue entonces cuando se acercó a la recreativa en la que la puntuación de Vincent se alejaba más y más de la airada y furiosa Lor. Justo entonces este primero daba el disparo de gracia al jefe final, dando así final al juego. La meltrandi entonces guardó la falsa ametralladora de plástico en su correspondiente soporte y miró a Piers.

-A ver si cambias ya la rom, que este-jadeó, señalando a Vincent-, este ya se lo sabe de memoria.

El aludido la miró ofendido, pero supo contener la hiriente respuesta que luchaba por salir de sus labios y se limitó a encogerse de hombros mientras depositaba su arma donde correspondía. Piers también decidió hacer caso omiso del comentario de la joven, sabiendo que minutos después se disculparía cómo si hubiera hecho el comentario más hiriente de la historia.

-Al final anteayer ninguno respondisteis a la oferta que os hice… ¿Unas cartas?-dijo entonces.

-Ni Moreno, ni Carol terminan sus turnos hasta la noche-respondió Vincent, mientras Ignasi celebraba detrás de él el haber recuperado al fin la bola extraviada-. Y mañana seguimos castigados, así que tocará madrugar bastante.

-Una vez al año no hace daño-repuso Piers.

-Yo creo que paso…-dijo Lor con un hilo de voz-. Ya me han humillado bastante hoy.

Ignis, quien había metido las esferas manualmente por los agujeros de la mesa de billar dónde quedarían almacenadas hasta que algún otro tripulante quisiera jugar a dicho juego, se acercó por detrás de la joven.

-‘Amos a ver, alma de cántaro-dijo-. Yo creo que te vendrá bien como entrenamiento para lo que te espera.

Lor dio media vuelta y lo miró, frunciendo el ceño.

-¿Qué insinuas?-preguntó, molesta.

-¿No te dijo la capitán que después del período de castigo ibas a estar macronizada las 24 horas del día?-preguntó Ignis a modo de respuesta, tratando de que ella misma se diera cuenta-. ¿Y que no podías cabrearte, o te alejaba del campo de batalla para el resto de tus días?

Lor sabía por dónde iba su amigo. Pero en su estado actual, se rehusaba a darle la razón. Y en su lugar, prefirió fingir que no sabía a qué se refería el muchacho.

-Retaco, ve al grano porque me estás mareando-se limitó a decir.

Ignasi trató por todos los medios de contenerse. No quería siquiera alzar la voz. Se había dado cuenta de lo que su amiga estaba haciendo y, por su bien, sabía que debía seguirle el juego. Sin embargo, no podía. Su corta edad, que conllevaba una irascibilidad y una prepotencia de quien sabe que tiene la razón le volvió a jugar una mala pasada.

-¿No?-preguntó, casi en un siseo. A medida que hablaba, fue alzando la voz sin darse cuenta-. Pues todos nos hemos dado cuenta de lo borde que te has puesto en cuanto Vin, el puto Vin, el tío que siempre está el primero en todos los shooters, te ha ganado en una competición que tú misma has empezado porque te ha dado la gana. Si ya estás así cuando mides metro sesenta, no quiero ver lo que pasará cuando midas nueve y pico durante todo el día, la verdad.

En cuanto el muchacho terminó la última frase, supo que se había colado. Se arrepintió de decir eso en mitad del discurso, pero no se supo frenar. Lor lo miraba con los ojos muy abiertos, sin saber que decir o hacer. Sus ojos entonces miraron a los otros dos humanos, esperando apoyo, pero ninguno respondió.

-Yo…-empezó a decir, temblando-. Lo…

Y fue en aquel momento en que Ignasi se encogió de hombros y, sin saber muy bien qué hacer para enmendar su error, la abrazó por sorpresa, en un gesto fraternal. La joven no puedo más y volvió a romper a llorar. Quería explicar que por las noches no podía dormir, que recordaba una y otra vez el momento en que casi se dejaba llevar por la ira, que a veces tenía pesadillas en las que ella era la responsable de las atrocidades que en el pasado había presenciado, pesadillas en las que se veía a sí misma como un monstruo sediento de sangre. Pero de su boca no podían brotar palabras. Sólo sollozos.

-Hala, hala-susurró el muchacho, tratando de consolarla-. Yo tampoco he estado muy acertado con mis palabras… Pero… Lor, nos preocupamos por ti. Y si te sigues guardando lo que sea que llevas dentro, no llegarás a ninguna parte. Déjanos compartir tu carga, ¿Vale?

-Oye, oye-repuso Vincent, con sorna-. No hables en nombre de todos.

-Hijos de pu** compartid su carga u os desuello vivos-replicó Ignis, dejando ir a su amiga y encarándose con él.

Los sollozos de la joven se transformaron en una pequeña risa que rápidamente evolucionó en una fuerte, estridente y genuina carcajada. Y entonces fue ella quien trató de rodear con sus brazos a los dos muchachos, quienes, para ella, eran su más preciada familia.

-Gracias chicos-dijo, con un hilo de voz entrecortada-. Sois los mejores.

-Tú no, tú eres lo peor. Buuuu, Lor, buuuu-replicó Ignis, llevándose entonces un tirón de orejas por parte de la aludida. Vincent, con lo ojos muy abiertos y con cara de haber visto el mayor de los horrores trataba de liberarse del abrazo.

No tardaron mucho en romper el abrazo. El trío parecía sin duda más alegre desde que habían regresado de su primera misión fuera de la nave. Piers pensó si debía informar a la capitán de aquello. Sin embargo, pensó que quizás era buena idea dejarlos a solas por el momento, carraspeando, los señaló uno por uno.

-Os esperaremos esta noche en el bar-dijo-. Más os vale venir.

Tras esto, se dio media vuelta y se alejó. Lor entonces retrocedió un par de pasos, apoyándose sobre la recreativa de disparos, y bajó la mirada hacia sus pies. La muchacha carraspeó un momento, antes de volver a hablar.

-Yo… Todavía… Todavía no estoy lista-dijo-. No os puedo contar nada, aún-la joven levantó la vista-. Pero es agradable saber que estáis aquí, a mi lado…

-Pues deja de olvidarlo-intervino Vincent, con una sonrisa.

Lor asintió, dando inicio a un incómodo silencio, que no fue interrumpido hasta que la máquina recreativa sobre la que se apoyaba la joven meltran empezó a reproducir una de las cinemáticas del juego con un volumen atronador. La chica dio un sobresalto, y, girando sobre sí misma, se encaró con la máquina, agarrando otra vez una de las falsas armas.

-Ahora te vas a enterar-dijo, iniciando una partida. Ignis sonrió y miró a su amigo.

-Vamos, Vin, te hecho un air hockey-dijo, al ver que este trataba de agarrar otra vez el arma, e intentado evitar otro espectáculo.

(***)


Cecilia, una de los doctores del navío, observaba a aquel monstruoso amasijo de carne palpitante y huesos rotos que ante sus ojos, se debatía entre la vida y la muerte. Apenas se podía reconocer en él a Glock, el prisionero que llevaba varios días soltando premisas falsas. A su lado se hallaba Abel, un enfermero que hacía poco que se había unido a la tripulación. El pobre estaba haciendo su mejor esfuerzo para contener las arcadas que aquel repulsivo espectáculo le generaba.

Con sus rojizos cabellos recogidos en una coleta, la mujer miraba a Glock, preguntándose por dónde debía empezar. Le había dicho a su capitán que en cuatro o cinco semanas, el Zentran estaría listo para otra sesión, pero hacía tiempo que no le llegaba un caso en el que Maragda se hubiera ensañado tanto. Finalmente, llegó a una conclusión.

-Abel, avisa al equipo B, y que preparen de paso un quirófano de los grandes-ordenó-. Primero nos encargaremos de restaurar la caja torácica antes de que esta se acabe de desmoronar y lo mate. Avisa también a Nevets. Que cuando tenga un momento, venga aquí macronizado y nos ayude a entablillarle brazos y piernas.

Tomando aquella orden como una bendición, pues no podía seguir mirando el cuerpo de Glock, el enfermero abandonó la sala tan rápido como pudo para obedecer a su superior. ¿Aquello realmente había sido obra de la capitán, aquella mujer que se sentaba con mirada melancólica en el bar por las noches y charlaba calmadamente con cualquiera que le diera conversación, copa en mano? Le costaba asimilarlo. Pero, por primera vez des de que abordó el navío, pareció entender por qué aquella mujer era considerada la criminal más peligrosa del universo.

Cecilia por su parte se acercó a su escritorio y fingió ver las notas. Sin duda, por muy calmada que se mostrase, la mujer necesitaría una copa aquella noche. Pero no quería encontrarse de nuevo con Maragda. No hasta que Glock estuviera fuera de peligro. No desaprobaba los métodos de su capitán cuando se trataba de escoria de calibre del zentran, pero aun así, sentía que algo estaba mal. Sólo podía esperar que la meltrandi no hubiera actuado de aquel modo sin razón, y que finalmente, Glock hablase. Volvió a ojear al malherido zentraedi, o lo que quedaba de él, pensando en que tardaría al menos un par de semanas en poder articular cualquier sonido.

-Abel-llamó-. En cuanto avises a los otros, vuelve, que le podrás una sonda para que… Evacue.

“Aunque, visto lo visto, tardará un rato en poder hacerlo” se dijo a sí misma, recordando que Maragda le había comentado que Glock se había orinado encima antes de la paliza. Abel regresó a la sala, con aire abatido.

“Ni siquiera sé dónde tiene esta cosa la polla ahora mismo” pensó el enfermero a su vez, conocedor de que le esperaba una jornada de trabajo agotadora.

(***)

Pero el tal Nevets tenía otras preocupaciones en aquel momento. El guerrero zentran, que como cada día se encontraba en el gimnasio de la Star Platinum, entrenando, ahora estaba frente a su capitán, quien jadeaba nerviosa. Atando sus rubios cabellos con una goma en una coleta, el fornido coloso miraba a su capitán. Debido a su inmensa estatura, Nevets era el único a quien Maragda podía mirar a los ojos sin bajar la vista. Y también era el único miembro de la tripulación que accedía a pelear con su capitán en los entrenamientos, terminando siempre derrotado o, en el mejor de los casos, empatando. Debido a sus rojizos ojos y su apenas bronceada piel, parecían madre e hijo, o incluso hermanos. Nada más lejos de la realidad.

Nevets y Maragda simplemente se conocían bien. De hecho, Nevets era uno de los pocos miembros con los que la capitán contaba para tomar decisiones, desquitarse, o incluso, compartir lecho. El zentran era gentil, comprensivo, y discreto, pero a su vez, muy rápido y poderoso. Era por eso que, después de oír sobre Zenterprises, Maragda sabía que Nevets era el único capaz de calmarla.

La titánide cargó contra el coloso, desequilibrando a este, quien rápidamente se dejó caer cuán grande era, evitando cualquier posterior intento de agarre. Rodó por el suelo varios metros hasta llegar detrás de Margada, para luego incorporarse y soltar una patada a las piernas de la misma. Esta cayó de rodillas. Nevets le agarró un brazo, pero la meltran simplemente se inclinó hacia adelante, levantando al zentran y lanzando al mismo contra el suelo.

-Ese hijo de pu** ha mencionado a Zenterprises-dijo entonces la gigante.

Nevets inclinó la cabeza, confundido, antes de que ambos zentraedi se incorporasen y empezasen a intercambiar golpes el uno con el otro.

-¿Quiénes?-preguntó, genuinamente.

-Los que estuvieron tras la guerra civil de Shangri-La-respondió ella.

Nevets abrió los ojos asombrado, recordando su incursión en aquel planeta tan pobremente colonizado y abandonado a su suerte. Tanto fue así que se llevó un tremendo puñetazo en el tabique nasal.

-Fue ahí donde recogimos a los dos críos, ¿Verdad?-comentó Nevets, tratando de quitar hierro al asunto.

-Ignasi y Vincent-repuso Maragda, quien no cesaba de atacar-. Y si son los mismos los que están detrás de esto, ahora todo encaja.

-¿Crees que han secuestrado a toda esa gente para investigar?-inquirió Nevets, jadeando a la par que trataba de evitar los golpes de su capitán, tratando desesperadamente de encontrar alguna apertura en sus movimientos-. No… No sé qué decir. Quizás mintió otra vez. No me parece demasiado lógico que ellos monten un cásting, llamando tanto la atención.

-Por favor, en el caso de Shangri-La se metieron a las autoridades del NUG que asignaron a la zona en el bolsillo-resopló la meltrandi, molesta, elevando su rodilla y propinando un golpe tremendo en el vientre de su confidente, quien cayó de rodillas, agarrándose la parte golpeada con una mueca de dolor.

Maragda entonces cesó y suspiró. Ya se sentía más relajada. Tendió su mano hacia el zentran, quien la miraba, abatido. Pero la mujer no reparó en ello. En su cabeza aún se hallaba tratando de encontrar alguna respuesta concerniente a qué maquinaban los de Zenterprises. Y ese pensamiento ya no abandonó su cabeza. Fue por ello que, por primera vez desde hacía un par de lustros, aquella noche no salió a tomar su copa nocturna en el bar.


Jue May 19, 2016 5:57 am
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Nota Re: Macross: Proscritos
Muy bueno :)
En lo posible tratá de cortar los dialogos con alguna descripción o pensamiento de los protagonistas para que no hagan tan largos (A veces es imposible, cierto) y con respecto a tu estilo, a medida que vayas escribiendo vas a desarrollar tu propia forma de escribir, asi que no tengas miedo en tomar prestada la forma de escribir de tus autores favoritos (A mi me encanta Umberto Eco por ejemplo)

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Jue May 19, 2016 11:35 am
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Nota Re: Macross: Proscritos
Spoiler:

Bueno, ya pude leer todo y formar una opinión.

No sé si es por que lo leí en el celular, pero me resulto un poco largo.
En el sentido de que ocurre poco.

Bah, al menos en comparación con escritores como el Cuaz o Gerli.
Sus líneas no son tan largas y se siente como que pasaron muchos eventos.

Claro que eso hay que saber hacerlo.
Creo que no soy la mejor persona para hablar de textos cortos o resumidos, jajajajaja...

La historia me recuerda un poquitin a Captain Harlock.
Piratas espaciales que son como una gran familia unida, conviviendo en una sola nave.

Que mas?

Emm... siento que esto me paso a mi en algún momento específico, pero se siente como que las utilidades de la nave, la hacen muy autónoma, muy... conveniente.
Ah! ya recordé... me paso dirigiendo X-Men, en el juego de rol, jeje...

Mis primeros diseños de la mansión de Xavier, eran muy convenientes, todo tiene su funcion específica y era como un mundo en sí mismo.
Y si, es una genial manera de que todo tenga su lugar pero... a la vez aburre que sea todo tan perfecto.
Especialmente si no toda la acción o desarrollo va a transcurrir allí dentro.

O sea, cuál sería el punto de piratear por ahí fuera si ya tienen todo lo que necesitan?

Pero es tan solo un punto de vista diferente mas...
Algo que a mi en su momento no me funciono por diferentes razones... que no necesariamente tiene que ser lo mismo en tu caso.


Debo decir que me interesó mucho más la capitana que los personajes principales.
Los senti un poco forzados en su unión.

Y esto es algo que yo estoy empezando a tener en consideración cuando lo mencionó un usuario nuevo aca en el foro: las coincidencias de Macross Frontier y las mismas que se aplican aca en Delta:
Esto es, buscarles una razón de peso, por la cual un grupo de personajes están juntos y siguen juntos.

Por ejemplo, la clásica situación en que dos personajes son tan diferentes uno del otro, que es lo que lleva a esos personajes a tener que aguantarse el uno al otro, habiendo toda una ciudad y miles de personas para interactuar?
Pienso al respecto en mi propia vida, y no sé... soy más práctico, entonces de pronto tengo viejas amistades con las que perdi interes por que somos muy diferentes.
Incluso amigos de la infancia... solo me queda uno, quien es mi mejor amigo de toda la vida.
Tengo a otro que actualmente trabaja como periodista en la TV local y... somos muy, muy diferentes.
Ya paso a ser solo un rostro conocido, mas no alguien en quien confiaría mi vida.

Sip, me puse muy filosofico de pronto, jaja...


En fin, no note fallas en los personajes en sí, sino en que los une.
No me resultó tan interesante su drama personal entre los tres, como si el pasado de la capitana, o lo que esconde.
Hasta debo confesar que me la imagine algo asi como Veffidas de Macross 7, y me habría gustado estar en su tripulación e insinuarmele, jaja...
O tambien, que me recuerda a otro de mis personajes de otra historia de Macross, que son medio parecidas en el sentido de que ambas están mal, pero por X razon no lo expresan y lanzan como estos S.O.S., estos gritos de atención.
Pero eso ya sería spoilers.... jajaja...


No quería extenderme tanto...
Principalmente por que no quería que pienses que es la super critica, jeje...


En fin, vas por buen camino.
Ya tu historia y personajes se sienten mejor desarrollados que Delta, jajaja...


_________________
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Vie May 20, 2016 6:54 pm
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Registrado: Vie Abr 01, 2016 5:38 pm
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Nota Re: Macross: Proscritos
¡Yupi! ¡Opiniones! Quería responder al colgar el cuarto capítulo para no hacer doble post, pero mi política es subit un cap cuando el siguiente ya esté escrito, y mi tiempo libre últimamente es inexistente, así que... Lo siento.

Gerli:

Spoiler:
Gerli escribió:
Muy bueno :)
En lo posible tratá de cortar los dialogos con alguna descripción o pensamiento de los protagonistas para que no hagan tan largos (A veces es imposible, cierto)


¡Muchas gracias! La verdad es que sí, eso es un fallo mio que arrastro desde siempre. De hecho, esta vez me estoy cuidando de no alargar los diálogos como solía hacer, pero me está costando horrores jaja. Por ahora trato de cuidar el apartado descriptivo, que siempre he flojeado por ahí. Lo tomaré en cuenta.

Gerli escribió:
y con respecto a tu estilo, a medida que vayas escribiendo vas a desarrollar tu propia forma de escribir, asi que no tengas miedo en tomar prestada la forma de escribir de tus autores favoritos (A mi me encanta Umberto Eco por ejemplo)


Realmente yo no soy de autores si no de obras. Si tuviera que decir uno del que creo que tengo todas sus obras es Alberto Vázquez Figueroa (que sí, que a excepción de la Saga de Cienfuegos són libros muy cortitos), y Eduardo Mendoza también me gusta bastante. Pero en su mayoría, trato de tomar ejemplo de todo lo que leo (incluso de Chatarra, aunque como no tengo tiempo me he quedado atascado en el capítulo 24 :cry: ).



Ikaruss:


Spoiler:
Ikaruss escribió:
No sé si es por que lo leí en el celular, pero me resulto un poco largo.
En el sentido de que ocurre poco.

Bah, al menos en comparación con escritores como el Cuaz o Gerli.
Sus líneas no son tan largas y se siente como que pasaron muchos eventos.


Hmmm... Repasando el texto, creo que estás en lo cierto. Intentaré tomarlo en cuenta para futuros capítulos


Ikaruss escribió:
La historia me recuerda un poquitin a Captain Harlock.
Piratas espaciales que son como una gran familia unida, conviviendo en una sola nave.


Sip, la verdad que sirvió de inspiración. No obstante, y sin hacer mucho spoiler te puedo decir que Maragda, hace muchísimos años, tenía otra idea en mente cuando pensaba en una tripulación pirata.

Ikaruss escribió:
Mis primeros diseños de la mansión de Xavier, eran muy convenientes, todo tiene su funcion específica y era como un mundo en sí mismo.
Y si, es una genial manera de que todo tenga su lugar pero... a la vez aburre que sea todo tan perfecto.
Especialmente si no toda la acción o desarrollo va a transcurrir allí dentro.


Bueno, hay un par de temas que no he mencionado (y lo he hecho un poco aposta) que es el abastecimiento cárnico (porque en una Bio Plant se puede tener una granja, pero creo que en una nave más industrial... Bastante logro es tener huerto XD) y el sistema energético de la nave. Lo mismo pasa con las medicinas y otros utensilios quirúrgicos.

Ikaruss escribió:

Debo decir que me interesó mucho más la capitana que los personajes principales.
Los senti un poco forzados en su unión.

Y esto es algo que yo estoy empezando a tener en consideración cuando lo mencionó un usuario nuevo aca en el foro: las coincidencias de Macross Frontier y las mismas que se aplican aca en Delta:
Esto es, buscarles una razón de peso, por la cual un grupo de personajes están juntos y siguen juntos.


Con los protagonistas, he jugado demasiado al despiste. Si te fijas, mientras que de secundarios como Piers sabemos bastante, del trío protagonista y de la capitán sabemos muy poco. Todos tienen una historia (que tratan de ocultar del resto) que les hace ser quien son, y las quiero desarrollar a su debido tiempo. Respecto a que puede parecer que hay poca química, yo soy de los que piensan que es mejor tener amigos con los que buscarse las cosquillas y poder amenazarse de muerte entre sí. Por ejemplo, si bien a veces la personalidad irascible de Lor puede ocasionar discusiones, o los tres no paran de lanzare puyas entre sí, pero eso no quita que sientan afecto mutuo ni den la cara el uno por el otro en todo momento (cosa que traté de demostrar cuando Ignis y Vin estaban preocupados por la integridad de Lor cuando esta hablaba con Maragda).

En cuanto a buscar por qué estos personajes se llevan bien, creo que de nuevo el haber jugado al despiste y que no se sepa casi nada del pasado de los protagonistas vuelve a jugar en mi contra.

Ikaruss escribió:

En fin, no note fallas en los personajes en sí, sino en que los une.
No me resultó tan interesante su drama personal entre los tres, como si el pasado de la capitana, o lo que esconde.

Hasta debo confesar que me la imagine algo asi como Veffidas de Macross 7, y me habría gustado estar en su tripulación e insinuarmele, jaja...
O tambien, que me recuerda a otro de mis personajes de otra historia de Macross, que son medio parecidas en el sentido de que ambas están mal, pero por X razon no lo expresan y lanzan como estos S.O.S., estos gritos de atención.
Pero eso ya sería spoilers.... jajaja...


Ah, Maragda... Su historia tal y como la tengo medio planeada es tan malditamente compleja que creo que cuando decida abordarla, el lector se olvidará de los otros personajes.

No obstante, debo decirte que la susodicha está más cerca de parecerse físicamente a Mirya (salvando las diferencias) que a Veffidas. De hecho, Nevets es bastante más parecido a esta última, por el tema de que ambos son bastante fornidos, visten... "Enseñando carne" y su estatura es inusual (aunque en ese aspecto Maragda y Nevets sean casi monstruosos).

Y en cuanto a lo de insinuártele (Ika maldito que tienes novia XDD)... Ten en cuenta que si bien no se lo tomaría a mal... Maragda es MUY escrupulosa a la hora de compartir cama (O establecer cualquier tipo de relación interpersonal) con alguien así que... A lo peor te llevarías un chasco

Ikaruss escribió:
No quería extenderme tanto...
Principalmente por que no quería que pienses que es la super critica, jeje...

En fin, vas por buen camino.
Ya tu historia y personajes se sienten mejor desarrollados que Delta, jajaja...


Te lo echaría en cara pero... Quien soy yo para decir nada, viendo este mensaje?? XD Y muchas gracias, aunque eso último tampoco digamos que es para lanzar cohetes XDD


¡En fin, muchas gracias a ambos! Espero que os guste lo suficiente como para seguir leyendo a medida que actualice.


Sab May 21, 2016 7:31 am
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Registrado: Vie Abr 01, 2016 5:38 pm
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Nota Re: Macross: Proscritos
4. Un vistazo atrás

-Despierta, l-0R/1.16-dijo una voz metálica.

La unidad de combate l-0R/1.16 abrió los ojos, adormecida. La tenue y lúgubre luz que las cámaras de descanso emitían apenas dejaba discernir ninguna forma que no se hallase dentro de las mismas. L-0R/1.16 hizo un par de estiramientos. Desplazó sus largos y enmarañados cabellos de color azabache hacia su espalda y bostezó, mientras que, siguiendo su programación, se acercó hacia la sala de entrenamiento de la nave de guerra Meltran.

El modelo l-0R/1 era una unidad de combate zentraedi, de las últimas que se habían desarrollado. Sus padres no eran más que un par de ingenieros genéticos y una máquina que se había encargado de darle vida hacía apenas unas horas. A ella y a al menos quince más. Quince guerreras clónicas, que se encontraban en aquella sala, la una al frente de la otra. Una meltran, casi dos metros más alta que las demás, se acercó cargando en sus manos a un alto y encorvado hombre humano. Su único ojo, de un intenso verde las escrudiñó con detalle.

-¿Y dices que esto es todo?-dijo ella.

-Sí, señora-afirmó el hombre-. Hemos usado la misma tecnología que se usó en Shangri-La, junto con el equipamiento que usted puso a mi disposición.

La meltrandi sonrió complacida, recordando los vídeos que el hombre le había mostrado. Guerreros que no sentían dolor, que luchaban hasta matar, que aguantaban fuerzas y presiones que otros no podían… Guerreros miclones capaces de asesinar a un zentraedi con las manos desnudas. Otros capaces de someter a cualquier bestia a su voluntad y usarlas para combatir.

-Las l-0R/1 son verdaderas máquinas de asesinar que ven en usted a una figura materna, a quien obedecerán ciegamente-prosiguió el hombre encorvado, ajustándose sus gafas-. En caso de que se revelen, pueden ser reiniciadas con la clave “Puerta del sótano”. Ya que… Bueno, ustedes no tienen de eso.

-Vamos a ver si son tan buenas como dices, Hess-dijo la meltrandi-. ¡Vosotras, escoria!-bramó.

El hombre tuvo que taparse las orejas con sus manos, mientras que las unidades l-0R/1 se cuadraron. Hess observó a la meltran, quien sonrió de nuevo, esta vez de una forma mucho más terrorífica.

-Mataos entre vosotras-dijo ella.

Hess gritó mientras las unidades que había pasado años desarrollando soltaban un unísono grito de guerra y se lanzaban la una a por la otra. Puñetados, patadas, diversas llaves de artes marciales, mordiscos… La sala pronto se tornó en un grotesco espectáculo en el que las l-0R-1 intentaban acabar con sus gemelas. Ojos, vísceras e incluso miembros arrancados volaron por la sala.

-¡Vahki, detenga esto ahora mismo!-exclamó el hombre, mientras que la meltrandi reía.

Finalmente, en medio de aquel festival de lo grotesco y blasfemo sólo quedó una figura en pie. Una figura que había logrado salir indemne de la batalla. La unidad l-0R/1.16. La última de todas en ser manufacturada jadeaba y sonreía a la vez, mostrando unos dientes completamente enrojecidos después de arrancarle la nuez a una de sus gemelas de un mordisco. Vahki entonces aplaudió, obligando al hombre que sostenía a saltar hacia su brazo y a aferrarse a él.

-Felicidades, l-0R-dijo la meltrandi-. Bienvenida a la familia.

Hess no daba crédito a lo que veía. Una unidad por sí sola había vencido a 15 que se suponía que eran igual que ella. Desde el incidente de la unidad Wildfire 7, allá en Shangri-La tomó la iniciativa de descartar siempre la última unidad de combate de cada tirada, pues solían salir con defectos de fabricación y mutaciones. Sin embargo, en aquel caso había ido a mejor.

-¿Por qué…? ¿Lo ha hecho?-masculló finalmente el ingeniero. Vahki bajó la vista.

-Porque en esta flota solo quiero a lo mejor-fue su respuesta. Entonces una idea le vino a la mente. La meltrandi se acercó hacia su nueva subordinada y, agarrando al hombre por el cuello de su camisa, lo arrojó hacia esta-. ¡Cójelo!

La unidad l-0R/1.16 atrapó al hombre al vuelo y lo acercó hacia su inmenso rostro, con curiosidad.

-Este de aquí es tu papá, l-0R-dijo Vahki.

Hess se echó a temblar. Sabía que Vahki era una zentraedi extremadamente retorcida. La única capaz de exterminar a las unidades Wildfire, Bak y Carn, allá en Shangri-La, sin sentir ningún tipo de remordimiento. Y siendo consciente de que acababa de devolver la deuda que tenía con ella por lo sucedido en aquel planeta, temía por su vida.

-¿Qué está intentando hacer?-logró articular.

-Muy sencillo. Quiero comprobar la lealtad de l-0R. A parte, me aseguraré de que nadie más consigue una unidad tan bien hecha. L-0R, mátalo.

-¿¿QUÉ??-gritó Hess, mientras la enorme mano libre de su “hija” se cerraba en torno a su cabeza, lentamente-. ¿Qué pasa si la abaten? ¡¡Me necesitas vivo para crear más!!

-Ya tengo la fórmula, maldito miclón-repuso Vahki-. Así que ya no me sirves. Para nada.

Pero Hess ya no la pudo oír. La mitad superior de su cuerpo había sido estrujada como una fruta a la que se le intenta sacar el jugo, transformándolo en un irreconocible amasijo de sangre, músculo y fragmentos de hueso. Aquella cosa que antes fue conocida como el brillante Harold Hess ahora no era más que un cadáver. Un cadáver cuya imagen iba a perseguir a la unidad l-0R a lo largo de los años, en sus sueños y pesadillas más abominables.

(***)

Lor abrió los ojos. Se encontró a si misma de pie, en mitad de su habitación, gritando a pleno pulmón y sin recordar o saber por qué. Simplemente no podía detenerse. La puerta de su camarote se abrió y una figura menuda corrió hacia ella y la abrazó.

-Lor, corazón…-dijo una dulce voz, que apenas era reconocible; mientras acariciaba su cabello-. ¿Pesadillas otra vez?

La meltran finalmente dejó de gritar y empezó a jadear pesadamente, tratando de relajarse. Fue entonces cuando miró a la figura, que muchas veces antes ya había acudido en su ayuda. Carol, su vecina de camarote.

Carol había terminado en aquella nave casi en contra de su voluntad. La joven mujer, de veintisiete años, había sido una brillante estudiante durante toda su juventud. Había dedicado sus estudios superiores a la ingeniería aeroespacial, carrera en la que se graduó con honores. Sus padres, pertenecientes a las altas esferas, se habían encargado de colocarla en uno de los más ambiciosos proyectos del NUG. Dicho proyecto era la construcción y desarrollo de un arma de la que apenas hoy se sabe nada. Se conoce que su poder destructivo iba a ser tal, que la misma Carol trató de sabotearlo por todos los medios posibles. La joven ingeniera fue acusada de sabotaje y obstrucción al Gobierno, siendo juzgada por un tribunal militar y condenada a pena capital.

No fue hasta apenas un par de días antes de su ejecución que los piratas de Maragda, enterados de lo que planeaba el gobierno, atacaron y destruyeron las instalaciones, recogiendo a Carol en el proceso, y, siendo conocedores de su talento e historial, ofreciéndole un puesto en la tripulación dónde podría poner en práctica sus conocimientos y habilidades trabajando como ingeniera jefe de la nave. Cada reparación, módulo o reforma de la Star Platinum debía pasar por revisión de esa mujer.

Con rizados cabellos de color de trigo, largos hasta sus anchas caderas en el lado derecho de su cabeza y muy cortos en el izquierdo, unos grandes ojos de color azul celeste y nariz respingona, Carol atraía a muchos pretendientes en la nave. Su ropa, normalmente reveladora también ayudaba, haciendo contraste con su corta estatura que la hacía parecer más joven de lo que ya era.

Quizás era porque tras haberse visto a ella misma en el corredor de la muerte, cosa que le proporcionó terrores nocturnos durante una larga temporada, Carol tenía el don de calmar a Lor de forma bastante rápida y eficaz. Finalmente, tras una corta charla, la mujer logró acostar a su vecina en la cama, asegurando que se quedaría hasta que la muchacha se durmiera. Y no fue hasta que Lor llevaba un buen rato dormida, que Carol se marchó de su cuarto y regresó al suyo, bostezando.

(***)

Las últimas semanas habían resultado ser un infierno para Glock. El zentraedi había sido operado diversas veces sin ningún tipo de anestesia. Los doctores le habían inyectado una sustancia que, si bien lo mantenía inmóvil durante las operaciones, lo tenía plenamente consciente. De hecho, parecía que le causaba insomnio, lo que hacía que cuando no era operado, estaba obligado a mirar al vacío durante las horas muertas.

Después de las operaciones vino la rehabilitación. Glock pensó en resistirse, pensando que podría evitar o al menos retrasar la siguiente sesión de interrogatorio. Cuan equivocado estaba. Un zentran tan enorme como la capitán (Nevets), se encargaba de colocarlo a la fuerza en un exoesqueleto, que lo hacía moverse como estaba programado.

Debido a esos “cuidados”, el zentran estaba completamente recuperado en menos de un mes. Y fue entonces cuando, mientras se encontraba acostado en la cama que le habían asignado, que la puerta se empezó a abrir lentamente. Glock no necesitó preguntar quien era, pues ya se hacía a la idea. El hombre empezó a sollozar, mientras que una imponente meltrandi de cabellos dorados entraba a la habitación.

-Hola, Glock-saludó Maragda, con un tono amable que sólo logró empeorar el ánimo de este.

El zentran luchó contra sus adoloridos músculos para incorporarse. Logró rodar fuera de la cama, pero antes de poder levantarse la capitán lo agarró por el cabello y lo alzó, arrojándolo de nuevo a la cama.

-No, no, gusano. Necesitas reposo-susurró Maragda.

-¡¡Basta!!-chilló Glock, quebrándose finalmente-. ¡Hablaré! ¡¡Hablaré!!

-La cuestión, escoria, es si te voy a creer o no. Desembucha.

Fue entonces cuando por detrás, ambos zentraedi oyeron un golpe. En el umbral de la puerta pudieron ver a Cecilia, que los observaba con el ceño fruncido. La “diminuta” mujer parecía a punto de estallar.

-Capitán, te agradecería que no te cargues esta sala también-le espetó la doctora a su capitán-. Yo tomaré el relevo si lo deseas, que Carol quiere comentarte algo y dice que es urgente.

La capitán parecía algo sorprendida. Miró al zentraedi casi como un niño a quien le acaban de quitar un dulce y se encogió de hombros. Entonces frunció el ceño y levantó un dedo amenazadoramente a Glock.

-Más te vale decirle a ella lo que sepas, porque si no volveré…-siseó, antes de dirigirse hacia la puerta y desaparecer detrás de esta.

El zentran asintió con la cabeza, nervioso, mientras Cecilia trepaba hasta le mesita que se hallaba cerca de la cabecera de la cama, sentándose en el borde y activando un pequeño dispositivo rectangular, que se asemejaba a una grabadora antigua. Sin mediar palabra miró a Glock, clavando sus ojos en los del gigante, hasta que este empezó a hablar.

-Yo… Vivía en una nave de colonización de la…

-Mira, ahórrate los detalles-suspiró Cecilia-. Por si todo lo que te he hecho pasar no basta para abrirte los ojos, déjame aclarártelo una vez más. No me despiertas la más mínima simpatía. Participaste en un secuestro e intentaste matar a dos críos. Sólo dime qué hacías allí y a dónde se han llevado a esos pardillos.

Glock tragó saliva y empezó su relato de nuevo.

-Me contrataron en un bar de carretera. Me dijeron que simplemente tenía que esperar dentro de la nave, y que metiera a todos los que entrasen dentro de aquellos cilindros y los entubase… Me dijeron que una vez la nave estuviera llena, la mandase a unas coordenadas específicas y que tras eso podía marcharme. Me pagaron por adelantado así que no pude resistirme.

La doctora no mostró ningún cambio en su rostro.

-¿Recuerdas las coordenadas?-preguntó.

-Sí.

(***)

Maragda caminaba por los jardines de la nave, con Carol sentada en su hombro derecho, usando los largos cabellos de su capitán para evitar caer en caso de perdiera el equilibrio. Finalmente, tras asegurarse de que no había nadie a su alrededor, la meltrandi tomó asiento y acercó el dorso de su mano izquierda hacia la humana, quien se sentó en el borde, dejando sus piernas colgando del mismo.

-¿Y bien? ¿De qué querías hablar?

-De Lor-repuso Carol-. No puede seguir así.

-Sigue con pesadillas, ¿Eh?-suspiró la capitán-. Creo que no debí haberle dicho nada del periodo de pruebas hasta que terminase el castigo. Pensé que la animaría.

-Y lo hizo-dijo Carol-. Pero también la aterra.

Maragda alzó la vista hacia el falso cielo que iluminaba los jardines, mientras estiraba las piernas. El silencio que esto ocasionó se prolongó casi durante un minuto, hasta que Carol decidió romperlo.

-Le convendría hablar de su pasado, quitárselo de encima-dijo la mujer.

-¿Crees que no lo sabe?-repuso Maragda-. Lor es un libro abierto. Se ve a la legua que lo que más le asusta es que los demás la odien si se enteran de las cosas que hizo en el pasado.

-Sus dos mejores amigos también fueron…-empezó a decir Carol.

-Pero ella no lo sabe-suspiró la meltran, frustrada-. ¡Críos! A veces hasta simpatizo con Nevets cuando dice que odia a los críos.

-Y por eso has metido a cuatro en la nave, si contamos a Piers.

Carol entonces se echó a reír. En contraste con su dulce voz, la risa de la mujer menuda era alocada y estridente. Pero, sobre todo, genuina y contagiosa. Sin darse cuenta, Maragda se encontró a sí misma riendo.

Tras aquel momento, Maragda se sintió más aliviada. Su cabeza se liberó de la tensión que acumulaba y, por primera vez en días, volvió a pensar con claridad en otra cosa que no fueran Glock o Zenterprises.

-Creo que ya sé cómo se lo voy a quitar todo de golpe-dijo-. Pero no va a resultar agradable.

Carol se encogió de hombros.

-Con estas cosas, nunca lo es.

(***)

Eduardo Moreno era un joven de veinticinco años, de mediana estatura y de cabellos rizados y oscuros. Todo él era alargado y parecía carecer de masa muscular. Su piel era algo pálida, y sus ojos eran completamente negros. Pese a ser una persona bastante pacífica y calmada, siempre que sonreía se daba un aire tétrico, y casi parecía que estuviera maquinando algo. Nada más lejos de la realidad. Fuera de horas de trabajo, solía vestir camisa roja y pantalones negros. A diferencia de Ignasi, quien siempre llevaba sus camisas desabrochadas, Moreno jamás se desabrochaba la misma.

Perteneciente a la clase media-baja, desde joven siempre había querido unirse a la tripulación de Maragda, pese a la desaprobación de sus parientes y familiares. Desde su posición, no obstante, el muchacho siempre había visto desigualdad social allí donde iba, y, en su inocente mentalidad, siempre creyó que uniéndose a la tripulación de la Star Platinum, podría solucionar los problemas que él veía en el mundo. Tras recibir una bofetada de realidad, y comprobar que la tripulación funcionaba de distinta manera, llegó a la conclusión de que ahí seguiría haciendo más por sus convicciones que siendo uno más en una sociedad de la que difería.

Moreno se había graduado como electricista, y aunque su tarea principal constaba de revisar semanalmente los niveles de rendimiento y circuitos de la nave con el resto de sus compañeros, era un experto esgrimista, y alguna vez ayudaba a los instructores de combate de la Star Platinum cuando se trataba de armas blancas. Muchas veces, cuando estaba libre, iba al gimnasio a entrenar el manejo de las mismas por su cuenta.

Eduardo se encontraba revisando las reparaciones del calabozo. Después de que arreglasen toda la parte visible, descubrieron que la brutal golpiza a la que su capitán sometió a Glock destruyó incluso el sistema de alumbrado del lugar. Una vez terminó de hacer las últimas comprobaciones del susodicho, y al ver que le sobraron casi dos horas, decidió acercarse por el puente de mando, para ver si necesitaban una mano, y de paso flirtear con una de las personas que allí trabajaban, Andrea.

No obstante, al entrar al puente de mando, vio que flirtear iba a ser bastante imposible. El ambiente era tan tenso que apenas se podía respirar bien. Todos los allí presentes se observaban en silencio. Eduardo se acercó a Andrea, quien apenas se dio cuenta de que el joven se encontraba allí. Extrañado, Moreno miró a la pantalla que su interés amoroso tenía asignada, en la que había introducidas unas coordenadas. Coordenadas que señalaban un lugar que hacía años que consideraban polvo espacial. El Planeta de los Dos Soles, Shangri-La.

-Son... Las coordenadas a las que Glock mandó la nave con los secuestrados-murmuró Andrea con un hilo de voz-. La capitán aún no lo sabe...


Mié May 25, 2016 9:40 am
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