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 Lamentación de otoño - capitulo 1 
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Cabo
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Nota Lamentación de otoño - capitulo 1
“Yo buscó de los siglos las ya borradas huellas

Y sé de esos imperios de los que ni el nombre queda.”

(Gustavo Adolfo Bécquer)





CAPITULO I



Cuando Lisa regresó a su habitación a bordo del SDF1 esa noche, los eventos del día comenzaron a amontonarse en su cabeza. Se sentía exhausta y lo único que deseaba era dormir. Mientras se quitaba el saco de su uniforme militar, trataba de recordar cuando había sido la última vez que había dormido… parecía una eternidad.



Se sentó en la cama adosada al muro y miró casi con indiferencia hacia la ventana. El paisaje que apareció ante ella no era exactamente uno que ella pondría en un folleto turístico. Miró hacia el cielo, en donde una magnifica luna llena brillaba en lo alto y eso pareció reconfortarla. Pero aun así cerró las persianas y por un momento miró a su alrededor. Hacía semanas que había abandonado esa habitación, pero todo le era tan familiar que sentía como si en realidad nunca se hubiera marchado.



Colocó su saco en el respaldo de una silla y se inclinó para alcanzar un portarretratos con la fotografía de sus padres y ella misma, siendo apenas una niña. Sus ojos se clavaron en ella y de pronto la imagen se volvió borrosa, al tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas. Lentamente, como si fuera un sueño o una película antigua que es reproducida en cámara lenta, vinieron a su mente imágenes de la noche anterior.



- Padre… - su murmullo fue apenas audible.



Su padre, el Almirante Hayes, había muerto en el ataque de la noche anterior. Había caído bajo el fuego enemigo como todos los habitantes de la tierra. Aquello era una idea tan monstruosa, tan enorme, que su cerebro simplemente no podía procesarla. Era increíble pensar que toda forma de vida humana hubiera sido aniquilada en solo unos minutos. Era algo terrible pensar que solo los habitantes de ciudad Macross y los tripulantes del SDF1 habían sobrevivido al holocausto.



Y ella…



Lisa se puso de pie y abrió las persianas, mirando hacía la luna, como si quisiera encontrar respuestas a tantas preguntas que tenía en su mente en ese momento. ¿Por qué ella? ¿Cómo podía ser que ella, Lisa Hayes, hubiera sido la única sobreviviente del planeta? Ella siempre había creído que uno viene al mundo a realizar una misión específica. Si el destino la había perdonado, era por algo. Ella tenía una misión que cumplir, algo tan importante que su vida había sido respetada, aun cuando millones de personas habían muerto a su alrededor.



Aquel pensamiento la hizo sentir mareada. Volvió a sentarse en la cama y suspiró profundamente, inclinándose sobre sí misma y escondiendo su rostro entre sus manos. Involuntariamente un sollozo escapó de su pecho y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.



- ¿Qué va a ser de todas estas personas? – se preguntó en voz alta. - ¿Cómo podremos reconstruir la ciudad? ¿Cómo podremos repoblar la tierra?



Esa mañana ella y el teniente Rick Hunter habían regresado al SDF1 después de la batalla contra los Zentraedi. El la había rescatado de los restos de la Base Alaska y la había puesto a salvo. Su regreso a la fortaleza espacial había causado una gran conmoción, pues a ambos se les daba por muertos después de la batalla.



Pero ella no había tenido mucho tiempo para compartir con sus amigos, a quienes hacía semanas que no veía, pues tan pronto como estuvo a bordo de la nave, el Capitán Gloval citó a una reunión de emergencia. Había muchas decisiones que tomar y no había tiempo que perder. Lisa había ido directamente del hangar de vuelo a la sala de reuniones y ahí había pasado las siguientes doce horas. El futuro de todo el planeta estaba en las manos de ellos, los únicos sobrevivientes de aquel día aciago. Durante todo el día se trabajó en un plan de emergencia. También se reorganizó el mando y se asignaron comisiones. El capitán Gloval fue promovido al rango de Almirante, quedando al frente de las fuerzas de defensa de la tierra. Lisa comprendió en el acto que su vida no sería sencilla. Ella era el brazo derecho del ahora Almirante Gloval y sabía perfectamente bien que él le asignaría misiones especiales a ella.



Cuando la reunión por fin terminó, Lisa estaba tan agotada que sin pensarlo caminó hacia sus habitaciones como si fuera una autómata. Sentía que en cualquier momento sus reservas de energía se terminarían.



- Debo tomar una ducha… y dormir.



Lisa entró al pequeño baño que tenía en su habitación y mientras sentía el agua caliente recorriendo su cuerpo adolorido, sus pensamientos volaron involuntariamente hacia Rick Hunter, el hombre que tantas veces la había rescatado de una muerte segura. Lisa suspiró profundamente, pensando que ni siquiera había tenido tiempo de agradecerle lo que había hecho por ella en ese día. Cuando ella fue llamada al salón de juntas, Rick se quedó en el hangar. Apenas y tuvo tiempo de despedirse de él, intercambiar un par de palabras y hacer un gesto con su mano. Rick pareció comprender. Le deseo buena suerte y le pidió que estuviera en contacto.



- Mañana, a primera hora, voy a hablar con él. Necesito volver a agradecerle por todas las atenciones que tuvo conmigo.



De pronto, y sin saber porque, recordó la última vez que lo había visto antes de esa mañana. Había sido en aquel vuelo espacial que la llevó de regreso a la tierra. Ella se encontraba en el trasbordador y Rick la escoltaba en su VT. No pudo evitar sonreír cuando recordó aquel mensaje en clave Morse que él le mandara en esa ocasión.



Lisa se envolvió en su bata de baño y salió del baño secándose el cabello con una toalla. Se sentó en su cama y miró hacia el reloj que estaba en la mesita de noche. Era más de media noche y sus ojos se cerraban sin que ella pudiera evitarlo. Se apresuró en terminar de secar sus cabellos castaños y enseguida se metió en la cama. Por esta ocasión, ella decidió que no quería pensar en nada. Solo deseaba dormir… y esperar a que, cuando se despertara por la mañana, descubriera que todo había sido solo un mal sueño.





*





Rick Hunter se encontraba sentado en una banca en el parque mirador de ciudad Macross. Su mirada estaba clavada en el desolado paisaje nocturno que se abría ante él, a través de la ventana panorámica de la nave. Aquel paisaje, de aspecto casi lunar, lo hacía pensar en todo el trabajo que tenían por delante. La tierra había sido dañada, la humanidad aniquilada y ellos, los únicos sobrevivientes, tenían sobre sus hombros la enorme responsabilidad de no dejar morir la cultura de los humanos. Todo se había perdido, todo registro, archivo, conocimiento y adelanto científico y tecnológico que la humanidad había producido a través de tantos siglos de historia, habían sido aniquilados en unos segundos por el ataque de esos extraterrestres.



Rick hizo una mueca de disgusto cuando ese pensamiento cruzó su mente. Ahora, la única esperanza de reconstruir y recuperar la cultura humana, descansaba en ellos, los sobrevivientes de la ciudad Macross.



Su mente voló hacía Lisa, pensando el lo afortunada que había sido al ser la única sobreviviente en la tierra. Se alegró de que su VT hubiera sido alcanzado por el fuego enemigo, porque gracias a ello él había podido ir al rescate de la comandante Hayes.



- Parece ser que es mi destino salvarte, Lisa. – Rick sonrió casi con tristeza.



Miró hacia el cielo y pensó que ahora Lisa y él estaban en una situación similar. Ambos eran huérfanos. Él no tenía a nadie en el mundo desde que Roy Fokker había muerto. Y Lisa, hasta el día anterior ella había tenido a su padre… pero ya no. Rick pensó en todas las personas que Lisa había perdido durante su vida militar y en las personas que él mismo había perdido. Sintió que compartía el dolor de la comandante Hayes porque en cierta forma ese dolor era el suyo propio.



Rick se preguntó cómo estaría Lisa en esos momentos. Él sabía que ella estaba cansada y necesitaba relajarse un poco, pero conociéndola como la conocía, estaba seguro que a esas horas probablemente todavía se encontrara en el Cuartel General. Él la admiraba por su resistencia y su tenacidad. No comprendía de donde salía toda la energía de Lisa, era como si tuviera una inagotable fuente de energía en su interior.



- Mañana iré a verla, para saber cómo se siente.



Rick se puso de pie y lentamente se dirigió a su habitación. Él también estaba cansado, no solo físicamente, sino psicológicamente. Desde que había vuelto esa mañana, había estado caminando alrededor, como zombi, sin ningún propósito en particular. Había escuchado que después del ataque Minmai había sido secuestrada por la prensa. Ahora ella se había convertido en la heroína de la última batalla, el icono de la resistencia y el valor durante esa guerra. Rick sabía que era improbable que volviera a ver a Minmai. Ella estaba totalmente inmersa en el mundo del glamour y del espectáculo y él… él era sólo un piloto.



Rick entró a su habitación y fue directo a la cama, dejándose caer pesadamente sobre de ella. Sentía que toda energía había abandonado su maltrecho cuerpo. Sus ojos se cerraron y cayó en un sueño tan profundo, que ni siquiera tuvo tiempo de cambiarse de ropa… o de quitarse los zapatos.





*



Muy temprano en la mañana el intercomunicador en la habitación de Lisa sonó insistentemente, despertándola de un sueño profundo. La comandante se movió inquietamente debajo de sus sábanas, antes de despertar y alcanzar el auricular.



- Comandante Hayes. –su voz sonó adormilada.



Quien hablaba era una oficial de comunicaciones. Su presencia era requerida a la brevedad posible en la Sala de Consejo. El capitán Gloval y varios otros ya se encontraban reunidos en aquel lugar. Lisa agradeció la información y enseguida se puso de pie, buscando automáticamente un uniforme limpio en su guardarropa. Con cierto sarcasmo se dio cuenta de que el 90% de las ropas que tenía eran uniformes militares. Por un momento consideró la posibilidad de salir algún día a comprar algo más de ropa civil, pero ese pensamiento fue borrado de su mente casi inmediatamente cuando pensó que en esos momentos no podía darse el lujo de frivolidades.



- Tenemos 70 mil almas a bordo y son los únicos sobrevivientes de la Tierra. Es nuestra misión protegerlos y volver a construir la ciudad. Después de todo, nosotros somos lo único que quedó de nuestra civilización.



Ese pensamiento la perturbó y la hizo sentirse perdida y sola en la inmensidad. Desde pequeña había viajado mucho, al lado de su padre. Como miembro de las Fuerzas de Defensa de la Tierra Unida también había tenido la oportunidad de recorrer el mundo y conocer sus maravillas. No podía creer que todo lo que había conocido, todo lo que había admirado y ante lo cual se había asombrado una y otra vez era ahora solo un recuerdo en el colectivo de los sobrevivientes.



- Debemos de enviar misiones de reconocimiento alrededor de la tierra. –pensaba mientras se vestía. – Debemos de recuperar todo lo que se pueda en cuanto a información. Todos los libros, archivos informáticos, registros… esas son las cosas que de ahora en adelante debemos atesorar, porque de otra forma perderemos la memoria y la conciencia de lo que alguna vez fuimos.



Lisa hizo la nota mental de proponer semejante misión ante el consejo aquella mañana. Sabía que había prioridades y que en ese momento lo más importante era la reubicación de los civiles y el control ecológico de la tierra. Sin embargo ella estaba dispuesta a trabajar turnos extras en esa misión cultural que le parecía tan importante.



Salió de su habitación sin siquiera mirarse al espejo. Ella jamás había sido una mujer que pasara mucho tiempo delante del espejo. Había siempre tanto que hacer que jamás se preocupó por sí misma demasiado.



Al entrar al elevador, prácticamente chocó con el teniente Hunter, que distraído y absorto en sus propios pensamientos, no la vio venir.



- ¡Rick! - ¡Lisa! – los dos dijeron al mismo tiempo.



Rick volvió a entrar al elevador, pues era obvio que Lisa llevaba cierta prisa. Una vez adentro, ella presionó el botón del nivel al que se dirigía y miró a Rick. Ambos se sostuvieron la mirada, sin realmente saber que hacer o que decir. Rick se rascó nerviosamente la cabeza y se encogió de hombros.



- Yo… yo iba a ver como estabas, Lisa. Anoche me quedé preocupado por ti. Pensé que llamarías en cuanto estuvieras en tu habitación pero…



- Tuve un día pesado. –Lisa se disculpó. – Pasé horas en reunión con el consejo y cuando llegué a mi habitación ya era demasiado tarde. No quise llamarte porque pensé que estarías dormido y no quise importunarte.



- Tú jamás me importunas, Lisa. –Rick respondió sinceramente. - ¿Cómo estás? ¿Cómo está todo?



- Hay mucho que hacer. –Lisa le informó con ese tono de voz que Rick conocía muy bien, era la comandante Hayes hablando. – Ayer se asignaron misiones y se comenzaron a formar diferentes comisiones. Hoy mismo se comenzará con la reubicación de los civiles y el doctor Lang comenzará con las pruebas atmosféricas necesarias para comenzar con la rehabilitación del planeta… nosotros—



- ¡Lisa! – Rick la interrumpió. – Esas son cosas que ya leeré en el reporte que se me haga llegar cuando se me asigne a alguna misión. En realidad estaba preguntándome cómo estás tú.



Lisa lo miró y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Esa era una de las cosas que le gustaban de Rick, él sabía separar a la militar de la mujer. A él no le importaba la comandante Hayes, él se preocupaba por Lisa.



Rick la miraba, preguntándose porqué Lisa siempre tenía esa mirada tan triste en sus ojos. Aun cuando sonreía y sus ojos brillaban, había una profunda tristeza ahí. Él sentía la necesidad de conocer sus secretos, ahora más que nunca. Después de lo ocurrido el día anterior, él tenía un sentimiento en el corazón, algo que le decía que Lisa era especial y que era su misión estar a su lado y apoyarla siempre. Como su oficial superior él la admiraba por su profesionalismo y su inteligencia. Sin embargo poco a poco había ido conociendo a la mujer detrás del uniforme y era esa mujer la que le intrigaba y lo hacía perder la razón.



- Yo estoy bien. – la voz de Lisa lo sacó de sus pensamientos, sin embargo no sonó muy convencida de sus propias palabras.



La puerta del elevador se abrió y Rick y Lisa compartieron una mirada de decepción. Ella tenía que ir al salón de consejo y él había sido requerido en el hangar de vuelo. Sabían que no tenían mucho tiempo para compartir.



- Lisa, me preguntaba si tal vez quisieras cenar conmigo esta noche… podríamos hablar. – Rick sugirió, al tiempo que ponía su mano en la puerta del elevador para evitar que se cerrara.



- Eso me encantaría. – ella respondió con una sonrisa.



- Perfecto, entonces te llamó más tarde para ponernos de acuerdo.



Lisa asintió y salió del elevador. Miró hacia atrás y Rick le dedicó un formal saludo militar que ella contestó antes que la puerta se cerrara.





*



El día en la sala de consejo no podría haber sido más largo o más complicado. Todos los presentes parecían tener opiniones propias y todos deseaban externar sus pensamientos al mismo tiempo y a todo pulmón. Ni siquiera el capitán Gloval podía controlar el caos que se vivía en aquel lugar. Los reportes no dejaban de llegar y la situación comprobó ser tan mala como se temía.



Lisa trataba de mantener la calma y de estar en todo, por imposible que fuera. Ella no opinaba, se limitaba a tomar notas y a escuchar con atención lo que se decía. Había muchas cosas por hacer, muchas misiones que comenzar, muchos proyectos que llevar a cabo. Las prioridades no parecían estar claras y más de alguna discusión terminó en pelea.



- Jamás lograremos ponernos de acuerdo en estas condiciones. – el Capitán Gloval le dijo a Lisa en algún momento. – Todos estamos alterados y mientras no se calmen los ánimos, no podremos tomar decisiones. Sin embargo en estos momentos estamos trabajando contra el tiempo. No podemos darnos el lujo de perder ni un segundo.



- Creí que se había establecido a los civiles y el impacto ecológico de esta tragedia como prioridades. –Lisa le respondió con calma.



Gloval se reclinó en su silla y sacó su pipa, lo cual para Lisa era un claro indicativo de que estaba pensando las cosas y tomando decisiones. Por unos minutos ignoró las discusiones a su alrededor, hasta que de pronto se puso de pie y ordenó con voz imperiosa que todos guardaran silencio. Por alguna razón todos en la habitación lo obedecieron sin objetar.



- Ahora bien, -comenzó a hablar. – No es el momento de pelear ni de discutir. Es cierto que estamos ante una situación totalmente inesperada y todos estamos desconcertados, pero el tiempo apremia y no podemos estar aquí sentados, peleando sin hacer nada. Todo lo que ustedes dicen y proponen es importante. Quiero que cada uno de ustedes me haga llegar un reporte de la situación en sus diferentes áreas mañana, a primera hora. En dicho reporte deben de incluir las necesidades prioritarias de cada área.



Todos fueron tomando sus lugares lentamente. El capitán siguió hablando.



- La Base Alaska fue totalmente destruida, y con ella el Consejo de la Tierra Unida. Así que nos guste o no, en estos momentos yo soy la autoridad más alta en este lugar y como tal exijo respeto y que las ordenes sean acatadas con responsabilidad. Ahora bien, a partir de este momento se establecen tres líneas prioritarias de acción, las cuales serán la reubicación de los civiles, el impacto ecológico y la vigilancia. En estos momentos voy a tener una reunión privada con los mandos más altos de este consejo y en 2 horas volveremos a reunirnos en este lugar, para asignar comisiones. Ahora todos pueden retirarse.



-¡Si señor!



Todos en aquella habitación se cuadraron para saludar al Capitán Gloval y comenzaron a salir de la sala. Todos excepto aquellos con quienes Gloval tendría la reunión. Lisa, aun al lado del capitán, sonreía orgullosa al verlo hacerse cargo de la situación de esa manera tan característica de él, enérgicamente pero con argumentos. El capitán la miró y asintió.



- Voy a necesitar de su ayuda, comandante Hayes. Pero por ahora le sugiero que vaya a descansar un poco. ¿Ya desayunó?



- En realidad… -Lisa titubeó.



- Un café no le caería mal. La espero en un par de horas, comandante. Puede retirarse.



Lisa asintió y después de un formal saludo militar, salió del salón de juntas directamente hacía la cafetería de la base que a esas horas se encontraba desierta. Pidió un café y se sentó en una de las mesas más cercanas al ventanal, desde donde se podía ver una vista panorámica del paisaje terrestre tras el holocausto. No era un cuadro muy alentador.



- ¡Lisa! – una voz la sobresaltó. - ¡Ahí estás! Te he buscado por todos lados… unas semanas en la Base de Alaska al lado de gente importante y una se olvida de los amigos.



- ¡Claudia! – Lisa sonrió al mirar a su amiga. - ¡Tenía tantas ganas de verte! Ven y siéntate un rato… ¿quieres un café?



- No gracias, acabo de tomarme uno. Oye Lisa, ¿estás bien? La noticia que ha corrido por toda la base es que eres la única sobreviviente del ataque a la tierra.



Lisa asintió, escondiéndose tras su taza de café. Claudia miró al ventanal y su voz se suavizó cuando continuó hablando:



- Lo siento mucho, Lisa…



- Gracias. – la voz de Lisa fue apenas audible. – Jamás pensé que así fuera a acabar todo… ahora ya no tengo a nadie, Claudia.



- No seas tonta, nos tienes a nosotros. Somos tu familia… y ahí está el teniente Hunter. Todos hablan de cómo fue hasta la base de Alaska a salvarte. Él es tu ángel guardián.



- Si, - Lisa se perdió en los recuerdos del día anterior. – Después del ataque me encontré sola en ese lugar bajo tierra, con personas muertas a mí alrededor. Jamás sabré porqué yo fui perdonada, porqué la muerte decidió dejarme ir ilesa.



- Eso solo puede significar que tienes un destino que cumplir, Lisa… algo grande que debes llevar a cabo en tu vida. No puedo pensar en otra explicación.



- No lo se, Claudia. Solo se que la desesperación se apoderó de mi… comencé a lanzar señales de auxilio y ni un segundo dejé de utilizar la radio para tratar de comunicarme con alguien… con quien fuera que me pudiera responder. Muy dentro de mí sabía que mis esfuerzos eran inútiles porque de alguna manera comprendía que probablemente era yo la única sobreviviente… y sentía que mi agonía sería lenta y dolorosa, muriendo poco a poco enterrada viva, rodeada de cadáveres.



- ¡Oh Lisa!



- No sabes lo que sentí, después de lo que pareció una eternidad, cuando por fin capté una señal de radio… había comunicación… sentí que tendría una oportunidad y agradecí a Dios por enviarme a esa persona que estaba estableciendo comunicación conmigo… pero imagina mi sorpresa y mi asombro cuando, entre todas las personas del mundo, fue la voz de Rick la que escuché en el radio… creí que estaba soñando, simplemente no podía ser posible.



- Pero lo era… nosotros perdimos contacto con el teniente Hunter y según los reportes sabíamos que había sido alcanzado por el fuego enemigo. ¡Gracias a Dios que la situación no fue tan mala como habíamos pensado!



- Jamás pensé que él se arriesgaría de la manera como lo hizo para ir por mí y sacarme de esa tumba… pero lo hizo. – Lisa tenía lágrimas en los ojos. – Cuando lo vi ahí, de pie con su casco bajo el brazo… oh Claudia, lo único que quería era abrazarlo y llorar… no tienes idea de lo mucho que significó para mí ese rescate.



- Bueno, no es la primera vez que el teniente Hunter te rescata, Lisa… de hecho, creo que ya se está convirtiendo en una costumbre. Quien sabe, tal vez eso signifique algo.



- ¡Claudia! –protestó Lisa con una sonrisa tímida.



- Bueno, no creo que tuviera nada de malo… yo solo digo lo que veo, Lisa. En todo este tiempo que estuviste en la Base Alaska, Rick se la pasó arrastrándose por el parque a las altas horas de la noche, como un perrito sin dueño. ¡El muchacho la extrañaba, comandante Hayes!



Lisa movió la cabeza negativamente. Iba a responder algo, cuando una voz en el intercomunicador avisó que todos los asistentes a la sesión del consejo deberían de presentarse en la sala de juntas de inmediato. Lisa se puso de pie y miró a su amiga.



- Bien, supongo que el descanso terminó.



- ¿Cómo va todo?



Lisa hizo un gesto de indiferencia y Claudia supo que las cosas no iban muy bien. Se puso de pie, pues tenía que regresar a su puesto.



- Mucha suerte con todo, Lisa… y esperamos verte pronto en el puente. El trío ha estado preguntando por ti.



- Estaré ahí tan pronto como me sea posible… ¡no sabes el gusto que me da estar de regreso!



Claudia asintió con la cabeza y ambas mujeres se despidieron cordialmente. Su relación era la de dos hermanas y Lisa se sentía confiada al pensar, que como Claudia había dicho, ella tenía una familia en el SDF1.



Mientras caminaba a la sala del consejo, no podía dejar de pensar en las palabras de su amiga cuando le había dicho que Rick la había extrañado. Recordó el momento en que lo vio aparecer en aquel pasaje de la Base Alaska y lo feliz que se veía de verla. Y de pronto vinieron a su mente aquellas palabras que él le había dicho en ese helado amanecer, cuando ella comentó que había la posibilidad de que fueran los únicos sobrevivientes. “Eso no sería tan malo”, le había dicho él con una sonrisa.



- ¿Qué significa todo esto?



Sin embargo no tuvo mucho tiempo para pensar en ello, pues ya se encontraba en la puerta del salón del consejo, en donde todo el mundo entraba y ocupaba sus puestos.



La reunión que siguió fue larga y muy pesada. Se discutieron todos los aspectos que se tenían que discutir de las tres misiones que se establecerían. Se habló sobre la situación que los civiles vivían en esos momentos, sin saber realmente el alcance de lo sucedido y se determinó que el capitán Gloval hiciera una conferencia de prensa esa misma noche. Había muchos rumores en Ciudad Macross sobre el destino sufrido por los habitantes de la tierra y ya se habían reportado algunos disturbios, encabezados por grupos pacifistas a cuya cabeza se encontraba Lyn Kyle.



Lisa hizo un gesto de desaprobación al escuchar mencionar aquel nombre. Por un momento se preguntó que era lo que ella había visto en él. ¡Ambos eran tan diferentes! Sus mundos eran muy diferentes. Volvió a la realidad cuando el capitán Gloval se acercó a ella y le pidió que hiciera una llamada al puente para que se preparara todo para la conferencia de prensa.



Lisa se alejó a un extremo de la sala, en donde se encontraba un intercomunicador y de inmediato se puso en contacto con Vanesa en el puente. Después de escuchar como Vanesa se emocionaba y Kim y Sammy compartían su emoción, Lisa fue capaz de calmarla lo suficiente como para explicarle la petición del capitán. En el otro extremo del intercomunicador escuchó la voz de Claudia, quien obviamente había tomado el mando, y quien le informó que tendrían todo listo para la transmisión en una hora. Lisa agradeció y cuando cerró la comunicación, alcanzó a escuchar al Coronel Maistroff hablando en los siguientes términos:



- … y tras los lamentables acontecimientos de los últimos días, necesitamos ahora más que nunca un liderazgo fuerte y comprometido. El Gobierno de la Tierra Unida parece haber sido totalmente aniquilado, por lo que el Consejo ha tomado la resolución de otorgar al Capitán Henry Gloval la promoción a Almirante de la RDF, con carácter de inmediato.



Lisa contuvo el aliento. Su mirada se centró en Gloval, quien taciturno como siempre, solo pudo asentir a las palabras del coronel, como si ya las esperara. Levantó la vista y miró a los ahí reunidos.



- Acepto el cargo… esta promoción no es un premio, es una responsabilidad. Prometo que haré todo lo que esté en mis manos para responder a la confianza que se está depositando en mí en este día.



Diciendo esto, todos los militares ahí reunidos se pusieron de pie y saludaron militarmente a su nuevo Almirante. Lisa hizo lo propio, al tiempo que una sonrisa aparecía en su rostro, reflejando el orgullo y la admiración que sentía por ese hombre, quien había sido una figura paterna para ella durante ya tanto tiempo.



El Almirante Gloval regresó el saludo e inmediatamente ordenó que todos los presentes se retiraran y se dedicaran a organizar sus comisiones. El se acercó a Lisa, quien aun le sonreía con orgullo y asintió con la cabeza.



- Supongo que esto significa más trabajo para usted, comandante. – Gloval le dijo.



- Usted es el mejor hombre para estar al frente, Almirante Gloval. – Lisa respondió sinceramente. - ¡Muchas felicidades!



El Almirante gruñó, como solía hacerlo, y sacó su pipa. Lisa lo miró por unos momentos, pero enseguida recordó lo que tenía que comunicarle y se apresuró a hacerlo.



- Señor, la transmisión para su conferencia de prensa estará lista en menos de una hora. Supongo que es una buena idea acudir al centro de comunicaciones. ¿Necesita que le ayude con algo?



- No comandante, estaré bien. Le agradezco su ayuda… coronel Maistroff, necesito que usted esté conmigo… el anuncio será rápido, pero necesito que usted, el doctor Lang y Exedore me acompañen. Reúnalos a todos y los veo en el centro de comunicaciones internas en 15 minutos.



- ¡Si señor!



Maistroff saludó y se retiró de la sala de juntas, dejando a Gloval y a Lisa solos. Ella sabía que lo que se venía no era exactamente agradable y anticipaba la reacción de los habitantes de la ciudad Macross al saberse los únicos sobrevivientes de la Lluvia de la Muerte.



- Señor… - Lisa sacó a Henry Gloval de sus cavilaciones. - ¿Qué cree que vaya a ocurrir? Con los civiles y todo lo demás.



- Un paso a la vez, comandante Hayes. – Gloval habló, poniendo su mano sobre el hombro de su Primera Oficial. – No va a ser fácil… ahora debemos comenzar por aclarar las cosas antes de que los chismes comiencen a circular con más fuerza en la ciudad. Los ciudadanos merecen saber la verdad… de una forma u otra todos nosotros fuimos bendecidos con esta nueva oportunidad. Debemos de sentirnos agradecidos. ¿No le parece, comandante?



- Por supuesto, señor.



- Se que la información que daré no será fácil de aceptar ni de digerir para los civiles… por ello es que entre más pronto lo hagamos será mejor. Hay mucho trabajo por delante, y todos debemos colaborar hombro con hombro en esta reconstrucción, sin importar si somos civiles, militares o zentraedis.



Se hizo un breve silencio en la habitación. Lisa miraba a un punto no muy bien definido del suelo, meditando las palabras del almirante. De pronto sintió que la misión que tenían por delante era la carga más pesada que alguna vez se hubiera puesto sobre los hombros de ningún grupo de seres humanos: reconstruir un planeta moribundo.



- Un paso a la vez. – repitió en su mente las palabras del almirante.



- Dígame comandante, - Gloval preguntó sin mucho entusiasmo. - ¿Qué opina de la situación en la tierra? ¿Cree que haya más sobrevivientes? ¿Cuál es el status de las cosas allá afuera?



- ¿Qué? – Lisa no sabía porque el almirante le preguntaba aquello.



- Bueno, es que usted y el teniente Hunter son los únicos que han estado afuera. Viajaron desde la Base Alaska hasta este punto, ¿Qué vieron en el camino?



Lisa pasó saliva, tratando de humedecer su garganta que súbitamente se había secado.



- No vimos nada, señor… la tierra se ha convertido en un inmenso e interminable desierto.



Por más que trató de evitarlo, su voz tembló un poco al decir aquellas palabras. Y era cierto, Rick y ella habían sobrevolado varios pueblos y ciudades totalmente destrozados tras la Lluvia de la Muerte. La tierra entera estaba desolada, no había agua, era como un paisaje extraterrestre.



- ¿Cree que haya sobrevivientes?



- No lo se, almirante. Sinceramente lo dudo. – su voz finalmente se quebró con sus últimas palabras.



Gloval asintió gravemente, sin mostrar emociones. Palmeó el hombro de Lisa paternalmente y se dirigió a la puerta.



- Vaya a descansar, comandante.



- Señor, yo…



- No me diga que va a desobedecer la primera orden que el almirante le está dando. –Gloval bromeó.



- Por supuesto que no.



- Bien… la veré mañana entonces.



- Señor… ¡buena suerte con la transmisión de esta noche!



- Gracias Lisa… si cree en Dios, ruegue porque los habitantes de Macross comprendan la situación. De otra manera las cosas se pondrán difíciles para todos nosotros.



Lisa asintió con la cabeza a las palabras del almirante. El salió de la sala de juntas, dejando a Lisa tras de sí. Ella suspiró profundamente y buscó apoyo en la pared, recargándose pesadamente contra ella y cerrando los ojos. Se sentía exhausta; era como si en tan solo un par de semanas hubiera envejecido cien años.



Un sonido insistente la hizo saltar y sus ojos se abrieron casi con terror. Después de su estadía en la Base Alaska estaba muy sensible al sonido de las alarmas. Sin embargo se tranquilizó cuando se dio cuenta de que se trataba de su intercomunicador personal. Lo sacó de la bolsa de su saco y sonrió cuando vio que se trataba de una llamada del teniente Rick Hunter.



- Aquí Lisa Hayes, adelante. – contestó la llamada.



- ¡Hola Lisa! – el tono optimista de la voz de Rick la hizo sonreír aun más. - ¿Dónde estás? Espero no interrumpir nada importante.



- Está bien, Rick. Acabo de salir de una reunión, pero no estoy ocupada. De hecho estaba por irme a mi habitación.



- ¿Recuerdas la cena de esta noche, verdad?



- ¡Por supuesto que lo recuerdo, señor! El día ha sido largo y no he tenido mucho tiempo para comer nada, así que estoy hambrienta.



- ¡Me alegra escuchar eso! Entonces… ¿A dónde quieres que vayamos? ¿A la ciudad? Hay un restaurante que—



- Rick… - Lisa lo interrumpió suavemente. – Escucha, preferiría no ir a la ciudad esta noche. El almirante Gloval va a hacer el anuncio a los civiles de lo que sucedió en la tierra y… me atemoriza la reacción que las personas puedan tener. Creo que es más seguro para todos cenar aquí mismo en la base… aunque la comida no sea exactamente gourmet.



- ¿Almirante Gloval? – esas palabras parecieron ser las únicas que Rick registró de todo lo que Lisa le había dicho.



- Si, fue promovido a almirante, ¿Qué te parece?



- Pienso que fue la decisión más acertada que esos tontos del consejo pudieron tomar.



- ¡Teniente Hunter! – Lisa pretendió regañarlo. - ¡Más respeto con sus superiores!



- Si, como sea. –Rick se rió, sabiendo perfectamente bien que Lisa no congeniaba con el consejo tampoco. - ¡En fin! Tienes razón, será mejor quedarnos en la base entonces. ¿A qué hora es el anuncio del almirante?



- En menos de una hora.



- ¿Vas a estar con él? ¿Nos vemos después de la transmisión?



- No… - Lisa dudó un poco. – En realidad, Rick… no estoy de ánimo para ver ese anuncio. ¿Podríamos vernos ahora mismo?



- … ¡Por supuesto! – la pausa que antecedió a la respuesta de Rick hizo obvio el hecho de que le costaba trabajo creer que Lisa estuviera anteponiendo una cena con él sobre una transmisión de Gloval.



- ¿Dónde nos vemos?



- Espérame ahí, Lisa. – Rick habló galantemente. – Iré a recogerla a la Sala del Juntas en 10 minutos, Comandante Hayes.



- Aquí lo espero, Teniente Hunter.



Con eso dieron la comunicación por terminada. Lisa respiró profundamente, dejando salir el aire lentamente por la boca, tratando de relajarse. Una cena con Rick era todo lo que ella deseaba en esos momentos… no quería saber nada de lo que había pasado el día anterior ni de lo que iba a pasar esa noche. Los días siguientes estarían llenos de reportes, trabajo y tensión. Tan solo por esa noche ella decidió ser un poco egoísta, relajarse y no pensar en nada.





*



Rick cortó la comunicación con Lisa y sonrió para sí mismo. Por alguna razón se sentía entusiasmado ante la idea de cenar con la comandante Hayes y más aún, en el comedor militar de la base. A decir verdad él tampoco tenía muchas ganas de bajar a la ciudad en esos momentos. Prefería algo más tranquilo y familiar. Él sabía que la comida de la base no era particularmente buena, pero eso sería compensado con una agradable compañía.



Mientras se dirigía a la sala de juntas, Rick iba pensando en la última vez que él y Lisa se habían visto antes del día anterior. Recordó aquella mañana en la que Lisa lo llamó para avisarle que salía rumbo a la tierra y lo desesperado que se había sentido al no poder despedirse de ella. Recordó también cómo terminó escoltando el trasbordador en el que Lisa viajaba y aquel mensaje en clave Morse que le había enviado.



- Si, tal vez me quejo demasiado. –se dijo a sí mismo. – Pero es verdad, he llegado a apreciar muchísimo a la comandante Hayes y me alegra que esté de regreso y que esté bien. Creo que tuvo mucha suerte al sobrevivir en la Base Alaska.



Rick recordó toda la destrucción que había presenciado el día anterior y suspiró pesadamente. La vida ya jamás sería la misma. Él no tenía a nadie a quien llorar en la tierra, pues todos sus seres queridos habían muerto desde hacía ya tiempo: sus padres y su hermano mayor. Sin embargo recordó que cuando presenció aquella lluvia de muerte sobre la Tierra, su primer pensamiento fue para Lisa.



- Ella perdió a su padre, lo único que le quedaba. – pensó. – Y sin embargo se ve tan fuerte, tan formal como siempre… ¿Porqué Lisa no comprende que hay veces en la vida en las que está bien expresar las emociones? Solo puedo imaginar lo que debe de estar sufriendo en estos momentos… se ha quedado sola… igual que yo.



Rick levantó la vista. Al final del pasillo observó como Lisa salió de la sala de juntas y se detuvo en la puerta, sonriéndole tímidamente. Él regresó la sonrisa y habló jovialmente:



- ¡Buenas noches, comandante! Aquí el teniente Hunter reportándose a su servicio. He sido asignado a ser su compañía por esta noche.



- ¡Oh, así que ahora el cenar con tu comandante es una asignatura! – Lisa bromeó, fingiendo enojo.



- ¡Claro que no! – Rick se rió. – Fue una misión que acepté voluntariamente. Espero que podamos salir vivos de ella.



Lisa se rió, sabiendo que Rick hacía referencia a sus frecuentes peleas y discusiones.



- Declaremos una tregua por esta noche, teniente.



Lisa comenzó a caminar, con Rick a su lado. El sonreía divertido. Le encantaban esa clase de intercambios de chistes privados entre él y la comandante Hayes.



- Me alegra que estés de regreso, Lisa. – su voz sonó sincera e incluso cálida y cariñosa.



- Me alegra estar de regreso. – ella le respondió. – Este es mi hogar… mi único hogar.



Rick asintió, pero no comentó nada. De pronto se encontró sin nada que decir y el silencio lo puso un poco nervioso. Quería decirle a Lisa lo mucho que sentía la muerte de su padre. Quería preguntarle los detalles de su visita a la Tierra, saber cómo habían ido las cosas… quería que ella supiera lo feliz que estaba de que ella hubiera sobrevivido y lo mucho que la había extrañado en esas semanas que ella había pasado en la tierra. Tenía tantas cosas que decirle… y sin embargo no sabía cómo hacerlo. Al final fue Lisa quien habló:



- Siento mucho haberte pedido que fuéramos a cenar al comedor de la base. Se que probablemente querías ir a la ciudad, pero…



- No, está bien. De hecho no tenía ganas de bajar a Macross… no quiero ni pensar en cómo estarán los civiles. No envidio al almirante Gloval por el anuncio que va a hacer.



- Lo se… sin embargo ellos deben de comprender que gracias a que están aquí, a bordo del SDF1, sus vidas fueron salvadas. La mayoría de las personas no corrieron con esa suerte.



- ¿Tu crees que haya más sobrevivientes en la tierra, Lisa?



Ella hizo un gesto que no era ni afirmativo ni negativo. Rick asintió, sabiendo exactamente lo que ella había querido decir. El también estaba confundido. Decidió que esa noche él tampoco quería pensar en nada. Solo quería relajarse un poco y olvidarse de los días anteriores.



Cuando llegaron al comedor de la base, este estaba casi vacío. Les pareció que también estaba un tanto oscuro, pero sabían que era por el hecho de que la energía había sido recortada pues se había puesto en marcha un programa de ahorro. Además, fuera de la nave, por el enorme ventanal, solo se veían nubes de polvo. No había ni luna ni estrellas a la vista.



Lisa y Rick fueron por su comida a la barra y luego, charola en mano, caminaron a la parte más alejada del comedor y se instalaron en una mesa que por su ubicación, casi era privada.



- Lisa, - dijo Rick cuando estuvieron instalados. – Se que me comportado como un tonto pero… quiero pedirte disculpas.



- ¿Porqué? – ella estaba sinceramente sorprendida.



- No se. – Rick se encogió de hombros, al tiempo que jugaba con su comida con el tenedor. – Siento que soy demasiado indiferente contigo… a veces hay cosas que quisiera decirte pero que no se cómo hacerlo. La mayoría de las veces me siento atemorizado de hablarte… y tal vez es por eso que siempre termino discutiendo contigo. Me siento más seguro cuando lo hago.



- ¿Porqué me dices esto, Rick? - Lisa no comprendía sus palabras.



- Es que… después de lo que sucedió… no se que decir… tengo miedo de hablar y tocar temas sensibles. Tu sabes… a veces puedo parecerte arrogante, pero en realidad soy muy inseguro en muchas cosas… - se encogió de hombros. – Solo quiero que sepas que siento mucho lo de tu padre… y que… pues… no estás sola.



Lisa lo miró sin saber que contestar. Después de unos segundos, Rick levantó su mirada y se encontró con la de Lisa, que lo miraba con sorpresa claramente marcada en sus ojos.



- ¡Gracias! – fue lo único que ella pudo murmurar.



- Bien… - Rick se aclaró la garganta. – Creo que a ambos nos caería bien un relax… no hablemos de cosas tristes… ni del trabajo ni de nada más…



- Pues entonces no se de que podríamos hablar. – Lisa bromeó, pero dentro de ella cuestionó la verdad de esa afirmación.



- Bien… te podría contar mi vida desde los tres años. – Rick le sonrió. – O te podría contar todos los chismes sobre el romance y matrimonio de Max. ¡Eso si fue una sorpresa!



- ¡Oh! – Lisa estaba interesada en ese tema. – Si, creo que ese es uno de los chismes de los que me debo de enterar. ¡Y que mejor que saber la historia de boca del mejor amigo del protagonista!



Mientras comían, Rick le contó toda la historia de Max y Miriya, de cómo se habían conocido, de cómo Max había actuado tan impulsivamente con ella, más sin embargo las cosas parecían ser un cuento de hadas entre ellos. Lisa estaba impaciente por conocer a Miriya y sintió un poco de celos cuando Rick le dijo lo hermosa que era, “a pesar de tener el cabello verde”. Ese último comentario le causó gracia a Lisa, pero decidió que tendría que conocerla en persona antes de cuestionarla o juzgarla tomando como base simplemente su color de cabello.



- Supongo que cuando el amor te llega, simplemente te llega. – Rick comentó, mirando distraídamente hacía el ventanal. – Me alegro que las cosas hayan resultado bien para esos dos…



- Si… aun me cuesta trabajo imaginar a Max casado… sin embargo, creo que—



Lisa fue interrumpida por el sonido agudo de su comunicador. Rick la miró y ella le hizo un gesto con la mano, que significaba que le diera un segundo para tomar esa llamada que era de la base. Rick frunció el ceño, suplicando para sus adentros que Lisa no fuera requerida en el cuartel inmediatamente. La estaba pasando bien con ella.



- Mañana a las 0800, entendido base. Fuera.



- Parece que la comandante Hayes no puede darse el lujo de escapar del trabajo por más de media hora.



- He sido citada mañana a otra junta con el consejo. El almirante Gloval me dijo que su ascenso iba a significar más trabajo para mí, así que supongo que la amenaza ha comenzado a cumplirse.



- ¿Más trabajo? – Rick sonó decepcionado. – Lisa, si trabajas un poco más, simplemente vas a sufrir un colapso nervioso algún día.



- Está bien… en estos momentos no podemos darnos el lujo de descansar.



Rick la miró y se dio cuenta de que sus ojos estaban perdidos en el oscuro ventanal. Por unos momentos la observó en silencio, memorizando sus rasgos… Lisa tenía los ojos verdes más brillantes que Rick había visto en su vida. Y los más tristes también… no lograba comprender esa tristeza infinita que llenaba esos ojos de esmeralda. Aun cuando Lisa sonreía, incluso cuando reía, sus ojos siempre estaban tristes. Eso intrigaba a Rick, por un momento deseó ser capaz de entrar en la mente de Lisa y comprender todas las cosas que le eran tan incomprensibles, sobre esa mujer que era un enigma para él.



Rick se puso de pie ante Lisa y ella lo miró interrogativamente. Por un momento se sintió decepcionada, creyendo que Rick le diría que debía retirarse, que había sido una velada agradable, pero que tenía que volver a su habitación. Sin embargo, lejos de ello, Hunter le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie y mientras lo hacía, comenzó a hablar:



- ¿Te gustaría ir a dar un paseo por el parque mirador? Allá arriba no hay civiles y creo que ambos podríamos disfrutar de una caminata… todavía es temprano y no tengo ganas de volver a mi habitación.



- ¡Maravilloso! – Lisa se puso de pie. – Me gusta caminar de noche… y el parque mirador es un lugar muy tranquilo… ¡vamos!



Lisa y Rick se dirigieron al parque, localizado en uno de los niveles más altos de la nave. Solamente los militares tenían acceso a ese lugar, y esa noche en particular, estaba desierto. La comandante Hayes y el teniente Hunter dieron varias vueltas alrededor del parque, conversando amigablemente sobre un sinfín de cosas. Era una charla trivial, agradable, sencilla. Rick se las ingeniaba para hacer reír a Lisa en cada ocasión que podía. Le gustaba verla así, sonriente y relajada.



Después de un buen rato, ambos se sentaron en una banca, de frente al mirador panorámico. La noche era oscura y el paisaje fuera de la nave era casi amenazador. Lisa clavó su mirada en el ventanal y Rick la observó en silencio por unos minutos, tal y como lo había hecho en el comedor. Estaban sentados uno al lado del otro, tan cerca, que Rick podía percibir el suave perfume de Lisa. Era un aroma que lo hacía relajarse y pensar en el rocío al amanecer en los bosques.



Lisa finalmente volvió su mirada y se encontró con los ojos de Rick. Cuando se percató de que la había estado observando en silencio, involuntariamente se sonrojó y bajó su mirada.



- Quiero darte las gracias una vez más por haber ido a rescatarme a la Base Alaska. – Lisa comentó casi en un susurro. - ¡Estaba tan asustada, Rick!



- Oh, no fue nada. – su voz tenía ese tono de arrogancia y autosuficiencia que Lisa detestaba, pero que a la vez le atraía tanto. – No la iba a dejar abandonada a su suerte, comandante Hayes. ¿Con quien discutiría entonces? Aun más, ¿con quién compartiría la horrorosa comida del comedor? No crea que se va a librar tan fácil de mí.



Lisa soltó una risita y Rick sintió que su corazón latía con fuerza. Le gustaba verla contenta… y disfrutaba enormemente su compañía.



- Sinceramente Lisa, siento mucho que antes las cosas hayan sido tan malas entre nosotros… con tantas discusiones y peleas. Supongo que desde el día del lanzamiento comenzamos con el pie izquierdo.



- Si, supongo que sí.



- Por ello quiero ofrecerte una tregua… - Rick sonrió traviesamente. - ¿Qué dice, comandante? Se que no es fácil para nosotros el vivir en paz, pero podemos intentarlo… ¿está interesada?



Lisa miró la mano que Rick le extendía y sonrió, asintiendo levemente con la cabeza. Sus ojos se encontraron con los de Rick, y tomó la mano que le estaba ofreciendo.



- De acuerdo… prometo no irritarme y ser más paciente y comprensiva con usted, teniente Hunter.



- Y yo prometo ser más conciente y acatar las ordenes que reciba de usted, comandante.



Ambos estrecharon las manos y Lisa se rió, divertida.



- ¡Tendremos suerte si esta tregua dura hasta el anochecer de mañana! No le doy más de 24 horas…



- ¡No sea pesimista, comandante! Ya vera que podemos llegar al fin de la semana sin heridas en combate.



Lisa miró a Rick a los ojos y él pareció turbarse con esa mirada. Sus ojos eran profundos y hermosos… él se encontró pensando otra vez en lo atractiva que Lisa le parecía, y se obligó a volver a la realidad.



- Entonces, - Lisa estaba hablando. - ¿Podemos considerar esto como un nuevo comienzo?



Rick le sostuvo la mirada, mientras miles de pensamientos se agolpaban en su mente. Un nuevo comienzo… si, ese podría ser un nuevo comienzo. Después de todo, la tierra estaba destruida y con ella sus vidas se habían venido abajo de muchas maneras. Finalmente él asintió levemente y sin poder evitarlo levantó su mano para acomodar un mechón de cabello rebelde detrás de la oreja de Lisa. Aquel contacto hizo que ella se estremeciera de pies a cabeza.



- Es un nuevo principio… olvidémoslos de los días que ya han quedado atrás… concentrémonos en lo que hay por delante.



Lisa sonrió, aprobando sus palabras. De pronto, y sin siquiera pensarlo, su cabeza se recargó en el hombro de Rick. A él pareció no importarle aquello, incluso parecía estar disfrutándolo. El sabía que Lisa debía volver pronto a su habitación, pues tenía esa junta temprano en la mañana, pero por un momento él decidió no molestarla con nada y simplemente disfrutar esa rara sensación de tener a Lisa Hayes completamente para él.



Poco más tarde, Rick acompañó a Lisa hasta su habitación. Mientras caminaban, había tenido el impulso de ofrecerle su brazo, pero no había tenido el valor para hacerlo. Ambos estaban sorprendidos de lo bien que lo habían pasado esa noche, y deseaban repetir la experiencia. Rick se prometió que la invitaría a salir otra vez pronto, mientras que Lisa comenzó a considerar seriamente la idea de sacarle provecho a la cocineta que tenía en su habitación de oficial y cocinar una cena especial para los dos. ¡Tenía tanto que agradecerle! Y Rick parecía totalmente indiferente al hecho de que había salvado su vida tantas veces. Ella no quería que él la viera como una obligación. Después de todo lo que habían pasado, sinceramente anhelaba llegar a ser amiga del teniente Hunter.



Finalmente llegaron a la puerta de la habitación de Lisa y se detuvieron. Fue Rick quien habló primero, mientras se frotaba las manos nerviosamente. Incluso su voz sonó extraña.



- Yo… te—te deseo que mañana te vaya muy bien en tu reunión, Lisa.



- Gracias… - ella respondió un poco desilusionada. Esperaba una despedida algo más amigable y cariñosa.



- Te llamaré para ver como van las cosas… y espero que salgamos más seguido.



- Así será. – Ahora si Lisa sonrió espontáneamente.



Rick también sonrió, pensando en lo hermosos que se veían los ojos de Lisa cuando sonreía. Parecía que aquel pasillo en penumbras se había iluminado con aquella sonrisa. Lisa le extendió la mano y el la tomó, estrechándola con firmeza.



- Rick… - la voz de la comandante Hayes sonó insegura. – Creo que… debo decirte cuanto aprecio todo lo que haces por mí… y no lo digo solo por lo que ha ocurrido últimamente. De hecho he recapitulado y me he dado cuenta de que sin ti… sin ti yo no estaría aquí.



- Ni lo menciones, Lisa. – Rick sonrió con cierto aire de superioridad que era tan característico de los pilotos. – Tú sabes que jamás te dejaré sola cuando me necesites… además, es divertido.



- Me alegra que te diviertas con mis desgracias.



- Me alegra que te alegres.



Lisa soltó una carcajada y Rick se rió de buena gana. No sabían porque, pero aun en medio del caos y la destrucción en la que se hallaban en esos momentos, aquella noche habían aprendido que estando juntos, las cosas no parecían ser tan terribles. Lisa miraba a Rick a los ojos insistentemente, como queriendo encontrar respuestas a muchas preguntas… la más importante de todas ellas era, ¿Qué habían significado exactamente sus palabras tras su rescate de la Base Alaska? El le había dicho que no sería tan malo ser los únicos sobrevivientes… que ella al menos no estaría sola.



- No me dejes sola, Rick. – Lisa pensaba. – Eres lo único que tengo.



- Así que, comandante… ¿Debo de hacer una requisición y hacerle llegar un oficio en original y 8 copias para poder recuperar mi mano?



Lisa pareció despertar de un trance. Miró la mano de Rick, que aun sostenía entre las suyas y la soltó como si fuera una braza ardiente. Rick se rió y se llevó la mano al pecho protectivamente.



- Bueno, tampoco es para tanto… mi mano no está tan fea. Es solo que ya comenzaba a extrañarla un poco.



- Extraño sentido del humor, Hunter. – Lisa sonrió. – Creo que ya necesitas irte a dormir.



Rick sonrió y asintió con la cabeza.



- Descanse y tenga dulces sueños, comandante Hayes. – se despidió formalmente.



- Usted también, teniente Hunter.



Rick asintió con la cabeza y enseguida, con un movimiento rápido, se acercó a Lisa y le plantó un sonoro beso en la mejilla.



- ¡Me alegra tenerte de regreso, sana y salva! – le dijo.



Antes de que Lisa pudiera siquiera reaccionar, Rick ya se alejaba corriendo de aquel lugar. Llegó a la esquina y antes de dar vuelta, se detuvo y miró a Lisa, agitando su mano en un gesto de despedida. Lisa apenas y pudo levantar su mano para regresar el saludo. Cuando Rick desapareció, la mano de Lisa subió un poco más, tocando el lugar en donde Rick la había besado.



- ¡Rick! – murmuró con una voz apenas audible.



La comandante Hayes sonrió soñadoramente y sus facciones se suavizaron. Se dio media vuelta y entró a su habitación. Solo deseaba dormir, pues tendría un día muy largo y pesado… sin embargo aquella noche le costó trabajo mantener el rostro de Rick Hunter fuera de sus pensamientos. ***


Dom Oct 31, 2010 12:42 am
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