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 El estruendo de las armas - CAPITULO 2 FINAL... 
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Cabo
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Nota El estruendo de las armas - CAPITULO 2 FINAL...
Conforme se acercaba a las coordenadas que le proporcionaba Lisa a través del sistema de comunicación, Rick comprobaba que la devastación era cada vez más terrible. La región central de Alaska había recibido un castigo extraordinario a manos de los Zentraedi, más que cualquier otro punto de la Tierra, y Rick se estremeció de sólo pensar en los daños que debió de haber sufrido la Base Alaska.

Era imposible que alguien hubiera podido resistir semejante bombardeo, y el hecho de que, de entre los miles de militares asignados a la Base Alaska, Lisa fuera en apariencia la única superviviente era algo que desafiaba todas las probabilidades, contradiciendo totalmente la fría lógica de aquel holocausto espacial.

Era sencillamente un milagro. Rick no encontraba otra palabra para llamarlo.

Volvió su atención a sus instrumentos. De acuerdo con los sistemas de navegación del Veritech, fijados en la señal del sistema de comunicación de Lisa, estaba a menos de treinta kilómetros de la Base Alaska. Eso significaba que a la velocidad que llevaba, estaría sobrevolando la Base Alaska en menos de un minuto.

Una vez que confirmó su posición, Rick observó el paisaje, y tuvo que esforzarse para que la impresión no lo abrumara.

La tierra estaba literalmente negra. Había cráteres de todos los tamaños y formas hasta donde llegaba la vista. Columnas de humo negro que trepaban desde la superficie hasta el cielo, marcando los lugares donde antes hubo ciudades, pueblos, fábricas, puestos militares... La geografía del Armagedón.

Entre toda la miríada de cráteres que marcaban la superficie, se destacaba uno mucho mayor y de forma demasiado regular como para ser obra de algo tan aleatorio como una explosión termonuclear. A diferencia de los otros cráteres, este no parecía tener un fondo discernible, y desde el cielo se veía como un túnel que se adentraba hasta el núcleo mismo de la Tierra.

Allí estaba. Eso debía ser el tan mentado Gran Cañón.

“No parece tan impresionante”, pensó Rick luego de contemplar por unos segundos la que fuera el arma más mortífera creada por la raza humana.

Alrededor del Gran Cañón, Rick pudo discernir pilas de escombros y algunos restos de edificaciones, sin dudas pertenecientes a los edificios de la Base Alaska construidos sobre la superficie. Todavía podían divisarse explosiones y llamaradas en toda el área circundante al Cañón, rodeándolo en un anillo de fuego.

En el momento en que el Veritech sobrevoló el Cañón, Rick cambió a modo Guardián y dejó al caza suspendido en el aire mientras buscaba una manera de penetrar en la base. No sabía mucho acerca de la Base Alaska o del Gran Cañón, excepto que había sido algo verdaderamente monstruoso y supersecreto, pero si había que creerle al radar, el maldito agujero se extendía dieciséis kilómetros dentro de la Tierra. Si la Base Alaska llegaba a esa profundidad, eso significaba que habría miles de túneles y compartimientos para revisar.

Con cuidado, Rick cambió la orientación de los propulsores del Veritech para impulsarlo en un descenso controlado por el tiro del Cañón, y al hacerlo, sintió que estaba siendo devorado por la Tierra misma.

Lisa podía estar en cualquier lugar, y lo único que Rick tenía para guiarse era la señal que ella mantenía encendida. No tenía ningún plano interno de la base, y menos que menos sabía cómo guiarse dentro de ese laberinto de túneles. De hecho, ni siquiera sabía cómo entrar.

La mirada de Rick se detuvo en un enorme hueco rectangular en una de las paredes del Cañón. De entre todas las aberturas que había podido ver, esa era la única que tenía el tamaño suficiente, aunque un poco estrecho, como para permitir el paso de un Veritech. Debía ser alguna clase de túnel de transporte, o incluso un hangar subterráneo, cosa que a Rick no podía importarle menos, siempre y cuando pudiera volar dentro de él.

– Peor es nada – dijo encogiéndose de hombros con despreocupación y sujetando con firmeza la palanca de mando.

En el radar y en el sistema de comunicación, la señal de Lisa se hacía más fuerte, y a cada segundo el corazón de Rick latía con más fuerza.

Haciendo uso de toda su habilidad de vuelo, Rick piloteó el Veritech en modo Guardian hasta entrar en aquel conducto, internándose en las entrañas de la moribunda Base Alaska en su desesperada misión de rescate.

***********************************

Había pasado media hora desde que Rick había respondido su mensaje de auxilio, y Lisa Hayes ya no podía contener su ansiedad ni un minuto más. Las comunicaciones con el Skull 001 estaban demasiado interferidas por las dscrgas electromagnéticas de las explosiones como para permitir una conversación, pero el canal se mantenía abierto en ambos extremos, aún si lo único que se transmitía era estática.

Todo lo que quería Lisa Hayes en ese momento era salir de allí, y dejar para siempre ese agujero de muerte.

Lisa trató de imaginarse en dónde estaría Rick, y sonrió tiernamente al imaginárselo piloteando su caza Veritech, con su habilidad natural y ese profesionalismo que existía debajo de ese exterior rebelde e insubordinado que tantas veces la había enfurecido.

No debía faltar mucho tiempo más. Poniéndose de pie, Lisa se inclinó sobre la consola para asegurarse de que el radio siguiera encendido para guiar a Rick hasta donde se hallaba ella. Luego de verificar que el sistema funcionara, se quitó el auricular y el micrófono, para apoyarlos con suavidad sobre la consola. Una vez que todo estuvo acabado, Lisa se tomó un segundo para echar un último vistazo a la destrozada Sala 47.

El lugar estaba en ruinas y a oscuras, excepto por las luces de la consola de radio que había ocupado ella hasta hacía escasos segundos. Todavía podía escucharse el retumbar de explosiones lejanas, que devastaban otras secciones de la Base mucho después de que el ataque hubiera terminado. Algunas de esas explosiones eran lo suficientemente potentes como para hacer temblar el lugar donde estaba Lisa, y no necesitó mucho más para darse cuenta de que quedaba muy poco tiempo.

Siguiendo la costumbre militar, Lisa se acercó a cada uno de los cadáveres y con reverencia y cuidado les quitó una de las dos placas identificatorias que llevaban colgadas de sus cuellos. Una vez que la tarea estuviera terminada, Lisa leyó en silencio los nombres que aparecían grabados en cada una de las placas. Johnson, Ortiz, Heitman, Wang, Voudreau, Singh, Boylar, Parrish, Ivanov, Nakamura...

Lisa no había tenido tiempo para conocer a cada uno de ellos más allá de reconocer sus rostros, pero de cualquier manera, desconocidos o no, habían caído en cumplimiento de su deber y por eso merecían ser recordados... hombres y mujeres valientes que habían dado todo de sí hasta el último momento, y cuyos sacrificios no podían caer en el olvido. Lo más probable era que nadie que hubiera conocido a esas personas siguiera con vida, pero eso sólo hizo que Lisa, la única sobreviviente de todo el personal de aquella sala, decidiera con más resolución honrar sus memorias y asegurarse de que no cayeran en el anonimato.

De pie, con la puerta de acceso a la Sala 47 a sus espaldas, Lisa Hayes se puso en posición de firmes e hizo la venia, en señal de respeto y homenaje a los muertos. Terminada aquella breve ceremonia, Lisa se secó las lágrimas de sus ojos y abrió la puerta, dejando la Sala 47 por última vez en su vida.

Cerró la puerta tras de ella, y se halló en el pasillo que conectaba a la Sala 47 con el túnel de transporte primario, una amplia galería que recorría la base desde el Gran Cañón hasta el perímetro exterior. Para su sorpresa, a pesar del daño brutal sostenido por la base, el pasillo continuaba con plena iluminación, marcando un contraste sorprendente con la devastación de la que Lisa había escapado.

No debía faltar mucho más, y lo único que le quedaba por hacer a Lisa era esperar a que Rick la encontrara.

El tiempo pasaba a una velocidad lenta hasta la exasperación, y Lisa sintió nacer una inoportuna risa al darse cuenta que se estaba permitiendo el lujo de molestarse por la impuntualidad de Rick.

En ese momento, un rugido ensordecedor saturó el ambiente, proveniente del otro lado de la pared, más allá del corredor de acceso a la Sala. Debía provenir del túnel de transporte primario, pensó Lisa luego de recordar la configuración interna de la base.

El sonido se acercaba cada vez más a donde estaba ella, y el corazón le dio un vuelco al reconocer ese rugido como el sonido característico de las turbinas de un caza Veritech VF-1. De pronto, el sonido se hizo progresivamente más apagado, hasta que Lisa pudo oír que se detenía por completo en algún lugar muy cercano a donde se hallaba ella.

En cuanto el sonido cesó, Lisa sintió que sus piernas no podían sostenerla más, y sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.

***********************************

Le había tomado a Rick unos cuantos minutos el moverse por aquel conducto. Rick no tenía idea de que ese túnel se extendía por kilómetros y kilómetros por debajo de la Tierra. Durante todo su recorrido, Rick no vio nada más que restos y escombros, iluminados por dscrgas eléctricas aleatorias provenientes de algún cable expuesto. Lo único que tenía para ver al frente eran las luces del Veritech, y lo único que podía usar para guiarse era la señal del radio de Lisa, que continuaba bien nítida en sus instrumentos a pesar de toda la interferencia del lugar.

Por fin, Rick había llegado al punto más cercano a la señal que podía alcanzar montado en su Veritech. La señal parecía provenir de detrás de un enorme mamparo dividido en secciones numeradas, que según las inscripciones escritas en ellas correspondían a salas de control de alguna clase. Estudiando minuciosamente la señal, Rick determinó que lo que buscaba debía hallarse detrás del mamparo marcado con el número 47.

Para su sorpresa, Rick encontró que el mamparo era sólido, sin ninguna señal de una puerta de acceso o escotilla que le permitiera entrar. A pesar de ese detalle, Rick Hunter no era hombre que se rindiera ante algo tan tonto como la falta de una puerta.

Accionando los controles de fuego del Veritech, Rick forzó a la cabeza del Battloid a emerger de donde se hallaba guardada, a pesar de estar el caza en modo Guardian. Con cuidado y sangre fría, Rick apuntó los cuatro láseres montados en la cabeza a un sólo punto en el mamparo, y guió el disparo en un calculado patrón circular, perforando la pared para hacerse un agujero por el cual pasar.

Era una maniobra muy delicada... Rick debía disparar los láseres con una potencia lo suficientemente alta para perforar la pared, pero a la vez suficientemente baja para no destruir accidentalmente lo que había detrás de ella... especialmente si se trataba de una persona que para Rick se había convertido en lo más importante del mundo.

Con un sonido seco y metálico, la sección cortada de la pared cayó en cuanto el círculo que Rick había dibujado con sus láseres se cerró. Ni bien el agujero quedó abierto, Rick abrió la cabina del Veritech y saltó a tierra, corriendo con todas sus fuerzas para atravesar aquella entrada improvisada.

Su corazón palpitaba con un ritmo cada vez más elevado, sintiendo que se acercaba a Lisa. Lo único en lo que podía pensar era en volver a verla y rescatarla de aquella tumba subterránea.

Finalmente, Rick trepó hasta cruzar por el agujero abierto por sus láseres, y se encontró de pie en un pasillo iluminado. Sus ojos tardaron muy poco en adaptarse a la luz, a pesar de haberse acostumbrado a la oscuridad imperante en el resto de la base.

En cuanto se aclaró la vista, Rick divisó una figura femenina en el otro extremo del pasillo que lo miraba atentamente, una figura muy familiar y que él había creído perdida para siempre.

Un grito emocionado rompió el silencio:

– ¡Rick!

Sus miradas se cruzaron, y el tiempo se detuvo para los dos.

***********************************

– ¡Hola! – fue lo único que él atinó a decir, allí parado junto al agujero que había hecho con sus láseres.

Desde la distancia, ella pudo notar un brillo de alegría que iluminaba sus ojos azules en el momento en que la vio. Sintió que su cuerpo temblaba de alegría al verlo allí parado, tan seguro de sí mismo, como un ángel venido para rescatarla de las garras de la muerte.

– ¡Ya era hora, teniente! – le dijo ella medio en broma, como regañándolo por su retraso. Sin embargo, cualquier pretensión de estar enfadada con él se vió traicionada por las lágrimas de felicidad que, ya sin contención alguna, bañaban su rostro iluminado por una enorme sonrisa.

Él meneó la cabeza y comenzó a reír, sorprendido ante el hecho de que en medio de toda esa devastación, ella todavía fuera capaz de regañarlo por su retraso, aún teniendo perfectamente claro que ella sólo estaba bromeando con él. A pesar de eso, él sintió que se derretía al ver ese rostro una vez más, y por hallarla tan feliz de verlo.

– ¡Hago lo que puedo, comandante! – le respondió con un falso tono de molestia ante el reproche, como continuando la broma empezada por ella.

Como movidos por la misma fuerza, Rick y Lisa empezaron a correr uno en dirección del otro, completamente envueltos en una sensación de felicidad que arrasaba con todo el dolor y sufrimiento que habían embargado sus corazones durante aquel día de fuego y muerte. Los dos se sentían los seres más felices de la Tierra, y no podían evitar reír mientras se acercaban uno al otro a todo lo que les daban sus piernas.

Para los dos, el corredor parecía brillar con una luz intensa que todo lo bañaba, y que resaltaba ante sus ojos la figura de la otra persona. Ninguno de los dos podía creer que ese momento fuera real, ninguno de los dos podía imaginar siquiera que entre las llamas del Apocalipsis, ambos hubieran no sólo sobrevivido, sino que pudieran encontrarse uno al otro. Era como si hubieran estado destinados a encontrarse, a salvarse mutuamente... destinados a estar juntos una vez más a pesar de todo.

A mitad del corredor, Rick y Lisa se encontraron y fundieron en un abrazo intenso del que ninguno se hubiera separado por nada del mundo. En ese momento se dieron cuenta de que no era un sueño, sino algo real, completamente real, y tanto Rick como Lisa dejaron correr lágrimas de felicidad en cuanto sus cuerpos se encontraron. Ambos se estremecieron como si una corriente los recorriera de la cabeza a los pies en el momento de tenerse mutuamente entre sus brazos.

Ella se refugió entre los brazos de Rick, apoyando su cabeza en su pecho palpitante y cerrando los ojos un instante mientras su cuerpo se estremecía de gozo y felicidad. Por su parte, él la abrazaba con más fuerza y hundía su rostro en el cabello de Lisa, llenando sus pulmones con su aroma y sintiendo el suave roce de sus cabellos contra la piel de su rostro.

Ninguno de los dos dijo nada, ni hacía falta que lo hicieran. Entre ambos estaba todo dicho y hablaba algo más intenso que las palabras, la única comunicación que necesitaban era sentir el latido de sus corazones y los brazos que los unían en ese abrazo.

Ambos levantaron por un instante sus rostros, y los ojos azules de Rick se encontraron con los ojos verdes de Lisa. Las miradas que cada uno pudo ver en los ojos del otro hicieron que sus corazones se derritieran. En los ojos del otro, tanto Rick como Lisa encontraron gratitud, alegría, felicidad y esperanza... y aunque ninguno de los dos estaba listo para admitirlo frente al otro en ese momento, amor.

Rick esbozó una media sonrisa, perdido como estaba en los ojos de ella. Tímidamente, quitó su mano derecha de la cintura de ella y la levantó hasta acariciar suavemente el rostro de Lisa, recorriendo cada rincón de su rostro con la yema de sus dedos. Al contacto de la mano de Rick con su piel, Lisa simplemente recostó su rostro en la mano de Rick, dejándose por completo a merced del joven teniente.

Dejándose llevar por sus emociones, Rick se encontró acercando sus labios a la frente de Lisa, sin que ella hiciera el menor esfuerzo por evadirlo. Era lo menos que podía hacer para expresarle a ella todo lo que sentía al verla sana y salva, y al fin sus labios se posaron en la frente de Lisa, besándola con delicadeza e innegable cariño, cosa que no evitó que Rick sintiera que se le erizaban los cabellos de la nuca en el momento en que sintió la piel de Lisa rozando sus labios. Dejó que el beso continuara unos segundos, sintiéndose demasiado débil como para quitar sus labios de allí.

Por su parte, en cuanto Rick besó su frente, Lisa sintió que todo a su alrededor empezaba a dar vueltas, y que no podría mantenerse mucho más en pie. Había soñado con algo como eso, y sentirlo en realidad en un momento como ése era más que lo que podía soportar. Recargándose más sobre Rick, ella cerró los ojos para experimentar en toda su fuerza ese momento, saboreando hasta el último detalle y sintiendo que el beso de Rick, por más inocente que fuera, la quemaba por completo con un fuego inextinguible, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa de pura felicidad.

Sin poder resistirse, Lisa besó suavemente la palma de la mano de Rick, que aún la sostenía. Al sentir el beso de Rick, un cosquilleo irresistible invadió todo el cuerpo del joven piloto, y por primera vez en el día creyó que sus piernas no podrían sostener su peso.

Tal vez se hubieran besado allí mismo, en ese lugar, y dado rienda suelta a lo que cada uno había meditado durante tanto tiempo. Ciertamente ambos lo deseaban en lo más profundo de sus corazones, pero también, de modo inconsciente, sentían que no era el momento. Era un momento demasiado hermoso ya de por sí, y ambos ya estaban completamente felices por el sólo hecho de saberse vivos, sanos y salvos.

Lentamente, Rick fue separando sus labios de la frente de Lisa, y volvió a encontrarse con los ojos de ella, que ahora lo miraban con un cariño que no conocía límites. Tomándola de las manos y sonriéndole, Rick se acercó a ella para preguntarle en voz baja:

– ¿Qué te parece si salimos de este lugar, Lisa?

Ella rió, y sintió que se hundía en la mirada tierna de los ojos azules de Rick, agradeciéndole silenciosamente por sostenerla, ya que no hubiera podido mantenerse en pie.

– Me parece una idea maravillosa... – respondió con un susurro, sin haberse podido recuperar por completo de la emoción de ver y sentir a Rick junto a ella.

Con suavidad, y sin dejar de sostenerla cariñosamente del talle, Rick la condujo en dirección del hueco en el mamparo, ayudándola a trepar para salir de ese lugar.

***********************************

No tardaron mucho en llegar a la cabina del Veritech. Rick fue el primero en subir, pero no por falta de caballerosidad sino por motivos prácticos, ya que podría desde allí ayudar a Lisa a subir con más facilidad. De cualquier forma, Lisa trepó a la cabina con agilidad felina, y Rick la acomodó encima suyo, sentándola sobre sus piernas.

– Ven, siéntate aquí – le dijo mientras ella se acomodaba en el espacio reducido de la cabina. – Ponte esto – Rick le alcanzó su casco de piloto para que ella se lo colocara, cosa que hizo aunque mucho de su cabello largo quedó por fuera del casco.

Sin mediar palabra alguna, Lisa rodeó el cuello de Rick con sus brazos y se acurrucó contra su pecho, y ante este inesperado asalto, Rick sonrió con un poco de timidez. Guiñándole el ojo, preguntó:

– ¿Estás cómoda?

Ella le devolvió el guiño, y con su rostro a centímetros del de él le respondió:

– Muy cómoda, muchas gracias...

Lisa dejó que esas palabras flotaran en el aire mientras permanecía con la boca semiabierta y sus ojos clavados en los de Rick. Por su parte, la sonrisa de Rick se hizo más grande, y sus ojos brillaron antes de volver la mirada a los instrumentos. Con sólo oprimir un botón, la cabina del Veritech se cerró, y maniobrando con la palanca de control, Rick encendió las turbinas del Veritech, dando comienzo así a su escape de la moribunda Base Alaska.

Rick piloteó el Veritech, que seguía en modo Guardián, a la máxima velocidad que podía darle para mantener el control del aparato en un espacio tan reducido como aquél. Pilotear en esas condiciones requería no sólo habilidad, sino sangre fría y un extraordinario dominio del aparato. El Veritech regresaba por donde había venido, pero esta vez el viaje fue más accidentado, y Rick se encontró forzado a ser extremadamente cuidadoso para evitar algún inconveniente.

Partes del techo del túnel se desplomaban a causa de los temblores y explosiones, y los conductos de energía que habían quedado expuestos dejaban escapar peligrosas dscrgas eléctricas que iluminaban el túnel. Rick sabía que no quedaba mucho tiempo más, y que tendrían que irse de inmediato.

Justo cuando aceleró un poco más, el Veritech pasó al lado de un conducto de energía que había quedado descubierto como consecuencia de una de las explosiones. Con el aire cargado de estática y el propio impulso que llevaba el Veritech, el conducto se sobrecargó y estalló con gran violencia, desparramando esquirlas por todos lados como si fueran proyectiles brutales.

Algunos de esos proyectiles se estrellaron contra la cubierta de la cabina del Veritech, destrozándola con la potencia del impacto y astillándola en mil pedazos que salieron volando en todas direcciones. Por instinto, Rick sujetó a Lisa con más fuerza, mientras ella buscaba refugio de esa lluvia de vidrios abrazándose a él con todas las fuerzas de las que era capaz. Por fortuna, ninguno de los dos resultó herido, y rápidamente pudieron volver su atención al frente, a aquella salvación que estaba tan cerca.

Lisa no se soltaba de Rick, y él tampoco hacía muchos esfuerzos para que ella se soltara. Ella se sentía tan segura junto a él, se sentía más segura de lo que nunca había estado en toda su vida... y una sonrisa apareció en sus labios al sentir que, a pesar de mantener volando el Veritech, él no soltaba sus brazos de ella, apretándola firmemente contra su cuerpo.

El túnel parecía interminable, y por una milésima de segundo Rick llegó a temer que se hubiera confundido y tomado otra dirección. Pero para su alivio, a lo lejos podía ver una débil luz en lo que parecía el final del túnel. El Veritech se acercaba cada vez más a esa luz, y faltando algunos cientos de metros, Rick dio más potencia a las turbinas. Estaban tan cerca... casi podían sentir el aire frío de Alaska golpeando sus rostros.

Por fin, el Veritech llegó a la boca del túnel, y Rick y Lisa se encontraron en el tiro principal del destrozado Gran Cañón. Debajo de ellos estaban las entrañas destruidas de la base y del sistema del Gran Cañón, y por encima de ellos estaba el cielo plomizo de aquella noche apocalíptica. El aire frío que bajaba por el tiro principal bañó la cabina expuesta del Veritech, dando un muy bien recibido cambio de temperatura para Rick y Lisa.

Libre ya de todo obstáculo, y encontrándose en un espacio mucho mayor para maniobrar, Rick puso las turbinas del Veritech a la máxima potencia, impulsando el caza hacia la superficie a toda velocidad, hasta que al fin el Skull 001 pudo escapar de la Base Alaska.

Una vez fuera del tiro, Lisa murmuró una oración por su padre y por todos aquellos que habían muerto en la Base Alaska, y para su sorpresa, Rick la tomó de la mano y la acompañó en la plegaria.

***********************************

Durante las siguientes dos horas, el Veritech se alejó de la Base Alaska en modalidad Guardián y volando a ras del suelo, ya que sin la cubierta de vidrio hubiera sido suicida volar a gran altura.

Fueron dos horas en las que ni Rick ni Lisa dijeron palabra alguna. Ambos estaban abrumados por la devastación que encontraban a su paso... miles de kilómetros de desierto, ruinas y cenizas hasta donde alcanzaba la vista... ni una sola alma, ni siquiera un mísero árbol o un río. Todo era irreconocible, más parecido a una visión del Infierno que a un paisaje como los que habían conocido antes de la guerra. La devastación parecía haber sido completa, y conforme pasaba el tiempo, crecía en Rick y Lisa el temor a ser los únicos supervivientes de la raza humana.

En el cielo nocturno, por entre los huecos que se abrían entre las nubes de tormenta, podían divisarse las explosiones y disparos de la batalla, que continuaba rugiendo en el espacio cercano a la Tierra. Al cabo de unos segundos de contemplar el titánico combate, Rick y Lisa se preguntaron si sus amigos y seres queridos en la fortaleza espacial continuaban con vida, luchando contra los que habían devastado a la Tierra.

Desde la lejanía, la batalla era fascinante... esas explosiones y rayos que atravesaban el cielo tenían una macabra belleza que invitaba a observar, como si fueran un espectáculo. Rick sacudió la cabeza... nunca era un espectáculo. Cada una de esas luces eran cientos o miles de vidas que dejaban de existir, y bien podían ser de alguien a quien conocía.

El silencio no se debía a incomodidades, sino a que entre ellos las palabras ya estaban de más. Todo lo que pudieran decirse lo estaban diciendo ya con sus miradas cariñosas, en los pocos momentos en que sus ojos se encontraban. Todo lo que necesitaban expresar lo hacían con el abrazo en el que permanecían unidos. Lo único que le faltaba a los dos era encontrar la fuerza para poner en claro sus sentimientos y ser capaces de decírselo uno al otro...

Todavía con el casco de Rick puesto sobre su cabeza, Lisa sólo podía pensar en lo afortunada que había sido, mucho más que lo que pudiera imaginarse. Volvieron en tropel a su mente esos instantes solitarios de terror en esa sala, cuando creía que su destino era morir sola entre los cadáveres y las ruinas, y esos tristes recuerdos fueron reemplazados por la felicidad que sintió cuando vio a Rick parado al extremo de ese corredor, como si nada hubiera pasado. Sin pensarlo, Lisa se acurrucó más contra el cuerpo del joven piloto, y en cuanto su cabeza encontró un lugar sobre el hombro de Rick, ella se sintió segura como nunca antes

Aún en medio del Armagedón, aún entre tanta muerte y desolación, Lisa se sorprendió de sentir que las cosas estaban tal y como debían ser. Tuvo que esforzarse mucho para no dejar correr una lágrima de felicidad al caer en la cuenta de la magnitud que había tenido la improvisada operación de rescate de Rick. Literalmente, Rick Hunter había descendido a las profundidades del infierno para rescatarla de las garras de la muerte. Había arriesgado su vida por ella y sólo por ella, permitiéndole a Lisa tener una leve noción de lo que ella significaba para él, sin saber que era tan sólo una pequeña muestra de lo que realmente guardaba Rick en su corazón...

Por su parte, Rick todavía no podía acostumbrarse a las sensaciones que en él despertaba el contacto de los brazos de Lisa alrededor de su cuerpo. Recargada así como estaba sobre él, Rick sentía un cosquilleo en todo su cuerpo, y se estremecía cada vez que los cabellos de Lisa rozaban su rostro, aún cuando estaban cubiertos por el casco. A pesar de llevar ella el uniforme puesto, Rick se encontró consciente del cuerpo de Lisa, y creyó poder sentir la suavidad de su piel por debajo de esa ropa blanca y formal.

Todo lo estaba golpeando como un tsunami. Antes de verla, él creía que sentía algo especial por Lisa, algo que tenía el potencial de ser mucho más grande y hermoso que lo que había sido hasta ahora. Sin embargo, no estaba preparado para el torrente de emociones que había despertado dentro suyo el haber encontrado a Lisa con vida y tenerla junto a él en aquel momento. Lo que fuera que hubiera sentido por ella antes de ese día, palidecía en comparación con lo que Lisa le hacía sentir allí mismo, y ahora que la tenía junto a él, empezó a escuchar en su interior una urgencia por dejar que esos sentimientos salieran a la luz...

El Veritech llegó finalmente a una gran planicie desértica, en la cual podían observarse los restos destrozados de una autopista de varios carriles, semicubiertos por el polvo y las cenizas. Luego de hacer que el Veritech descendiera suavemente sobre uno de los trazos visibles de la autopista, Rick oprimió uno de los controles de emergencia, y lo que quedaba de la cubierta de vidrio de la cabina saltó a uno de los costados del aparato, dejando la cabina totalmente al descubierto y al aire libre.

Al cabo de unos pocos segundos, las turbinas del Skull 001 se detuvieron, y el aparato se posó sobre el suelo calcinado de la Tierra. Un silencio sepulcral reinaba, sin que nada excepto el viento osara romperlo.

Rick y Lisa se pusieron de pie, interrumpiendo muy a su pesar aquella postura tan cómoda en la que se hallaban. Sin descender del Veritech, los dos recorrieron el panorama, tomando nota de la destrucción brutal que había sufrido el planeta.

– ¿Dónde estamos? – preguntó Lisa sin dejar de mirar de un lado a otro, tratando de encontrar algo que fuera familiar y reconocible, sin éxito alguno.

Volviendo a sentarse por un instante, Rick se acercó a la consola de instrumentos para revisar los sistemas de navegación. Luego de dos o tres intentos, finalmente pudo triangular la posición general en la que se hallaban.

– En algún lugar del sur de Canadá, según mis instrumentos...

– Dios santo... – fue todo lo que pudo decir Lisa, absorbiendo la devastación como podía y quitándose el casco de piloto, dejando que sus cabellos flotaran en la brisa que soplaba.

– El lugar está un poco cambiado, eso lo reconozco, pero por mí está bien para detenernos un rato... – dijo Rick como si nada, sorprendiéndose de poder hacer un comentario así en medio de las ruinas.

Lisa giró para encontrarse con los ojos brillantes de Rick, y trató de poner su mejor expresión de enfado... cosa que se le hacía demasiado difícil, por no decir casi imposible.

– ¿Cómo puedes hacer una broma en un momento como éste? – le preguntó con incredulidad.

– ¿Qué otra cosa puedo hacer? – devolvió Rick encogiéndose de hombros y mirándola a los ojos con una ternura tal que Lisa se estremeció por dentro.

– Hunter, de veras tú no tienes remedio... – le dijo tocándole la punta de la nariz con el dedo índice y sonriendo. Su sonrisa se hizo mucho mayor y más radiante al comprobar que Rick se sonrojaba por ese inesperado contacto.

El silencio volvió a reinar, y Lisa y Rick se quedaron mirándose a los ojos y sintiendo dentro de cada uno un fuego que iba creciendo cada vez más, amenazando con consumirlos y alimentado por el cariño que cada uno encontraba en los ojos del otro.

– Gracias, Rick – dijo ella con toda la sinceridad de la que era capaz, mientras su rostro se iluminaba con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro, a la vez que extendía su mano para que él la estrechara.

– Por nada, Lisa, fue un placer. Era lo menos que podía hacer por ti... – le respondió tomando su mano entre las suyas y acariciándola, sintiendo aquella suavidad y recorriendo lentamente cada rincón de la mano de Lisa con sus dedos.

Casi por instinto, Lisa desvió la mirada para que él no pudiera ver cómo se sonrojaba ante esas caricias tan suaves que la enloquecían, muy alejadas del saludo formal que había esperado recibir. Por fin, recuperando la compostura, volvió a enfrentar a Rick y le dijo con voz queda y casi susurrante:

– No tienes idea de cuánto significa para mí que vinieras...

“Realmente no tenía idea”, pensó Lisa. No podía siquiera tener una idea de cuánto lo amaba y lo eternamente agradecida que estaba con él por haberla salvado. No podía siquiera imaginarlo...

Rick se limitó a mirarla con una expresión traviesa en el rostro, y no pudo dejar pasar la oportunidad de bromear a costa de ella una vez más. Reclinándose sobre el apoyacabezas del asiento del piloto, Rick adoptó una postura más relajada y sonrió a Lisa, para luego decirle:

– Y todo lo que tuve que hacer fue desobedecer tus órdenes otra vez. Piénsalo mejor la próxima vez que me regañes por la red táctica.

Lisa abrió los ojos grandes como platos, tratando una vez más de fingir molestia ante el desparpajo de ese comentario, pero todo lo que pudo hacer fue soltar una suave risa y menear la cabeza. Realmente no podía enojarse con Rick, y ni siquiera pensaba en volver a enojarse con él... nunca más.

– Jajaja... tienes agallas, Hunter. ¡Tienes razón! Olvídalo, ya no importa... – dijo acomodándose sobre el borde de la cabina, sus cabellos mecidos por el viento.

– ¿Así que no me mandarás a corte marcial? – bromeó él.

– No por esta vez – respondió ella siguiendo la broma.

– Me alegro...

Lisa se quedó un instante en silencio, y su mirada parecía perdida en las estrellas. En su interior, sentía que ya no podría guardar sus sentimientos por mucho tiempo más. Por su parte, Rick se encontró mirándola con ternura, haciendo todo lo posible para contener sus propias ganas de besarla.

– ¿En qué piensas? – preguntó Rick al cabo de unos segundos, sacándola de sus reflexiones.

– Estaba pensando en lo afortunada que soy de que hayas venido a rescatarme justo a tiempo... – continuó ella, retomando la conversación con una sonrisa, y al notar la sonrisa que aparecía en los labios de Rick, Lisa sintió que algo dentro de ella la impulsaba a revelarle sus sentimientos de una vez por todas.

– Y también pensaba... – trató de continuar, desviando la mirada un instante mientras su interior se batía en una lucha sobre confesarle a Rick sus sentimientos o no...

Rick la miraba con expectativa creciente y una palpitación cada vez más agitada de su corazón, ansioso de saber qué era lo que se le hacía tan difícil de decir y rogando que fuera lo mismo que él estaba sintiendo por ella.

– Pensaba en cuánto te quiero... – pudo decir finalmente en voz trémula, obligándose a mirar a Rick a los ojos mientras esperaba su reacción esa declaración, que sin ser aún el "te amo" que hubiera querido revelarle, era una confesión mucho más profunda que lo que jamás había hecho con él.

Rick quedó congelado al escuchar esas palabras, y a la vez sintió que un fuego lo quemaba al ver en los ojos de Lisa algo que iba mucho más allá de un simple “te quiero”. No supo qué responder a eso... no sabía cómo poner en palabras sus sentimientos hacia ella, y descubrió que se hallaba totalmente desconcertado, pero a la vez seguro de que él sentía lo mismo hacia ella.

– Ni lo menciones, Lisa... - comenzó, tartamudeando un poco ante la emoción, y después dijo rápidamente, como para no darse tiempo a arrepentirse: – y yo... bueno... yo también te quiero.
Lisa sintió que se le iba la sangre del rostro al escuchar esas palabras, que le llegaban a lo más hondo de su corazón. Se quedó mirando a Rick como hipnotizada, esperando a las siguientes palabras que diría él.

– Te quiero demasiado como para dejarte sola... te quiero, Lisa – terminó Rick, y las últimas palabras que dijo salieron casi en un susurro.

El corazón de Lisa comenzó a latir sin control en cuanto Rick dejó de hablar. Era un sueño hecho realidad. Rick no le había dicho precisamente que la amaba, pero no tenía necesidad de palabras luego de aquel rescate, que en sí mismo había sido un acto de amor. Las palabras no importaban... ambos sabían muy bien lo que sentían uno respecto del otro, y más importante aún, cada uno sabía que la otra persona estaba al tanto...

Rick y Lisa se miraron a los ojos, y se perdieron cada uno en el cariño y amor que podían ver en sus miradas.

Casi al mismo tiempo, los dos se acercaron uno al otro lentamente. Sentían escalofríos de estar tan cerca uno del otro... de hallarse sus labios a centímetros de encontrarse y fundirse... Como movido por un impulso inconsciente, la mano de Rick se levantó lentamente y encontró un lugar en la nuca de Lisa, acercándola cada vez más a él, cada vez más a ese momento que ambos deseaban con tanta fuerza.

Al contacto de la mano de Rick, Lisa sintió que se derretía, y sin oponer la menor resistencia, cerró sus ojos, mientras sus labios se estremecían ligeramente en espera de lo que vendría...

Rick la besó con suavidad y ternura, posando sus labios sobre los de Lisa casi con timidez, como si se estuviera conteniendo. En cuanto sintió los labios de Lisa en los suyos, tan suaves y trémulos, Rick sintió una dscrga eléctrica que recorría todo su cuerpo, y más aún cuando Lisa abrió sus labios, invitándolo a hacer más profundo aquel beso. Fue una invitación que Rick no tardó en aceptar, y se entregó totalmente al beso, dejando todo de sí y expresando el amor que sentía hacia ella con algo mucho mejor que las palabras. Exploraba con sus labios cada rincón y centímetro de los labios de Lisa, sintiendo su sabor y suavidad, a la vez que Lisa hacía lo propio sin perder un segundo más.

Como por instinto, las manos de Lisa se movieron hasta tocar la espalda de Rick, sujetándose fuertemente de él como si estuviera a punto de caer. Y era bastante cercano a la realidad... si no se sostenía de algo, las sensaciones que ese beso despertaban en ella la harían desmayarse... así como estaba, ella se estaba derritiendo allí mismo, perdida por completo en el beso y en la pasión que podía notar en Rick.

El beso se prolongó durante varios segundos, sin que ninguno de los dos quisiera ser el primero en separarse. Tanto Rick como Lisa sintieron que ese beso era algo correcto y necesario, algo que ambos necesitaban con desesperación y que les parecía que habían estado esperando toda su vida.

Allí en medio del Apocalipsis, rodeados por la devastación y la más completa soledad, Rick y Lisa descubrieron finalmente lo que sentían el uno por el otro, y por un tiempo que no sabrían cuánto duró, lo único que les importaba era el contacto con la persona amada... a quien los dos habían creído devorada por el horror de ese día de holocausto.

Ninguno de los dos notó que el sol empezaba a surgir en el horizonte.

***********************************

El cielo se iluminó con una gigantesca explosión cuyos destellos atravesaron la capa de nubes y forzaron a Rick y Lisa a cubrirse los ojos por un instante, hasta que el resplandor se apagara. Levantando la mirada al cielo, pudieron entrever que había muchas menos explosiones, lo que tal vez indicaría que la batalla estaba por terminar.

– Esa sí que fue grande - dijo Rick sin despegar la vista del cielo.

– Parece que está por terminar la batalla... – concluyó Lisa, y sonrió al sentir que Rick pasaba su brazo por sus hombros.

– Así parece. ¿Quién habrá ganado?

Esas palabras despertaron algo en Lisa muy a su pesar de la felicidad que había empezado a sentir... una conciencia de todo lo que había pasado en aquel día, de todo lo que habían perdido como personas y como raza...

– ¿Importa eso? – preguntó Lisa con una voz queda y baja que inquietó a Rick.

Rick giró para enfrentar a Lisa y se asustó al ver la mirada de tristeza y dolor que tenía en sus ojos.

– ¿Qué quieres decir? – preguntó Rick sin entender qué estaba queriendo decir.

– Tan sólo mira la Tierra, Rick... - dijo Lisa señalando a la inmensa extensión de tierra yerma en la que estaban. – Gane quien gane, perdimos demasiado.

– Pero nosotros estamos aquí, ¿o no? Sobrevivimos a todo esto... – dijo Rick para sacarla de aquella tristeza, y como al pasar agregó: – Y estamos juntos...

La mirada de Lisa se iluminó, y otra vez se dibujó una sonrisa tímida en sus labios.

– Tienes razón otra vez, Rick... pero no puedo dejar de pensar que pagamos un costo demasiado alto... tantas personas muertas...

Rick pensó en indagar, pero se contuvo de hacerlo en cuanto recordó que el padre de Lisa era un almirante, y que tal vez hubiera fallecido en la Base Alaska. Deseando contener a Lisa, se agachó y la acurrucó contra su pecho, sosteniéndola entre sus brazos. Lisa no opuso resistencia, y sintió que se relajaba al estar sostenida por Rick. Se sentía tan bien, tan segura y contenida en sus brazos que la preocupación quedó de lado.

– No te preocupes... no te preocupes más – dijo para tratar de tranquilizarla.

No pudo verla, pero Lisa, apoyada como estaba en el pecho de Rick y sintiendo el latido de su corazón junto a ella, sonrió de alegría y alivio.

– Me pregunto si alguien más logró sobrevivir – preguntó ella finalmente, dejando escapar su mayor inquietud.

– ¿Por qué lo dices?

– Sería triste que todos los demás hubieran perecido ¿no te parece? – dijo levantándose y girando para ver mejor a Rick.

Por su parte, Rick se recostó en el respaldo del asiento, se cruzó de brazos y miró hacia las estrellas, adoptando una pose de despreocupación que sorprendió gratamente a Lisa.

– ¿Eso no sería tan malo, o sí? – preguntó como si nada.

– ¿Qué dices? – Era ahora el turno de Lisa de no comprender lo que Rick estaba diciendo.

Por su parte, Rick se limitó a mirarla a los ojos con ternura, acercándola más a él y sonriéndole con cariño.

– Al menos no estarás sola... – dijo en cuanto la tuvo bien cerca, y el sonido de la risa de Rick tan cerca de ella hizo estremecer a Lisa de emoción. Era algo tan hermoso... y ahora era real. Ya no era una fantasía, o una esperanza inútil. Ambos estaban juntos al fin, después de todo ese horror y soledad, y las palabras de Rick resonaron con fuerza dentro de Lisa... ya no estaría más sola. Nunca más.

– Oh, Rick... – fue todo lo que pudo decir, riendo ella también e inclinándose hacia adelante para besarlo, a lo que Rick respondió rápidamente acercándose para encontrar los labios de ella con más velocidad.

Hubieran continuado aquel beso por mucho más tiempo de no haber sido porque el radio del Veritech empezó a crujir con estática cada vez más elevada. Al principio, Rick y Lisa pensaron que debía ser alguna clase de fenómeno eléctrico, una sobrecarga o algo por el estilo, pero esas suposiciones quedaron atrás en cuanto pudieron notar unos acordes musicales que empezaban a sobresalir de la estática.

Muy a su pesar, pero sin poder reprimir la curiosidad y expectativa que los invadió, Rick y Lisa interrumpieron el beso y se concentraron en los sonidos que salían del radio, buscando escuchar mejor lo que fuera que estuvieran captando.

– ... this battle, this last battle.
We will win!... We must win!...

No lo podían creer... la sorpresa abrumó a Rick y Lisa y los dos se miraron con expresiones de completo asombro, sin dar crédito a lo que escuchaban sus oídos. Luego de un poco de interferencia, la voz de Minmei resonaba a toda potencia en el equipo de comunicaciones, y el sonido de esa canción los llenó de una esperanza indescriptible.

– ¡Es… Minmei! – exclamó Lisa, quien jamás había pensado que se pondría tan feliz de escuchar a la Señorita Macross.

– ¡El SDF-1 sobrevivió! – dijo Rick tomando a Lisa de los hombros y casi saltando de júbilo.

Era más que una canción... era una señal de esperanza, que significaba que tal vez habría un futuro para ellos y para la humanidad.

Alcanzaron a ponerse de pie, y en cuanto lo hicieron se abrazaron con fuerza, sonriendo de alegría. Los dos buscaron en el cielo una señal, algo que les indicara de donde provenía aquella canción...

– ¡Allí! – dijo Lisa señalando un punto en el cielo.

Ese punto parecía una estrella que bajaba a la Tierra a gran velocidad, y poco a poco se hizo más grande y nítido. El punto se transformó en una figura muy familiar para Rick y Lisa, y ambos no repararon en que se quedaban con la boca abierta al ver la silueta del SDF-1 descendiendo a la superficie de la Tierra, dejando escapar chorros de gas y partículas en su descenso, como si estuviera marcando un camino.

En el radio, la música escaló en intensidad y potencia hasta llegar a un momento de clímax, en el que la canción terminó a toda orquesta, dando un cierre monumental a aquella batalla.

– We will win!... We can win!...
WE CAN WIN!...

Rick y Lisa se abrazaron, sin dejar de sonreir. La esperanza había vuelto, y la visión del SDF-1 regresando a la Tierra luego de la batalla cambió todo para Rick y Lisa. Ya no eran los únicos sobrevivientes de la raza humana, como ambos habían llegado a temer en los peores momentos. Ahora tenían un hogar donde regresar... amigos y seres queridos con los cuales reunirse... una vida a la cual retornar.

Y más importante aún, un futuro que construir.

Lisa se recargó sobre el pecho de Rick, mientras ambos miraban maravillados al SDF-1 en su descenso final. A primera vista, la fortaleza había sufrido daños atroces, pero a pesar de eso aún conservaba su porte imponente. Sin importar esos daños, y el colosal tamaño de la nave, el SDF-1 descendía con gracia sobre la superficie de la Tierra, acercándose cada vez más al suelo.

El radio volvió a la vida, pero esta vez era la voz de Claudia, que anunciaba por todos los canales el retorno de la fortaleza con su profesionalismo tradicional:

– Esta es la nave SDF-1 de las Fuerzas de la Tierra Unida, en transmisión abierta por todas las frecuencias y canales. Cualquiera que pueda captar esta transmisión, por favor responda lo antes posible e informe de su situación actual. Nuestros recursos son limitados, pero haremos lo posible para enviar suministros y equipos médicos...

Un rugido atronó en el cielo, y Rick y Lisa se volvieron para ver a tres cazas Veritech que recorrían el cielo de la mañana a toda velocidad, en dirección hacia el norte, quizás buscando sobrevivientes. Rebosantes de alegría, los dos saludaron a los cazas que pasaban por encima de ellos, sin importar si podían verlos o no.

La voz de Claudia fue reemplazada por una voz ronca y de marcado acento ruso, que proclamaba con autoridad:

– Habla el capitán Henry Gloval, oficial comandante de la Fortaleza Superdimensional Uno, a cualquier unidad militar de las Fuerzas de la Tierra Unida o aliada que reciba esta transmisión. Todas las fuerzas enemigas han sido destruidas. Cualquier unidad militar que reciba esta transmisión debe responder inmediatamente acusando recibo del mensaje, de acuerdo con los procedimientos para la restauración de la cadena de mando militar...

En cuanto Gloval dejó de hablar, se hizo un breve silencio que a Rick y Lisa les pareció eterno.

Pero poco a poco, el radio cobró vida con nuevas voces y transmisiones que invadían todas las frecuencias civiles y militares. No sólo los valientes del SDF-1 habían sobrevivido al holocausto, sino que también otros grupos de seres humanos allí en la Tierra pudieron escapar de la aniquilación. Libres ya de la amenaza Zentraedi y ante la seguridad de que la batalla había terminado, numerosos grupos de sobrevivientes en todo el continente comenzaron a enviar mensajes al SDF-1 por todos los medios, sea para pedir auxilio, para solicitar instrucciones, o simplemente para proclamar al mundo que estaban vivos.

Rick alternó los canales de comunicación, para tratar de escuchar todas las transmisiones que pudiera captar con la radio.

– SDF-1, aquí el comando de la 45º División Mecanizada... diablos, creímos que nadie más había sobrevivido. Estamos cerca de Denver... la mayor parte de la ciudad está más o menos intacta, pero igual hay muchos daños...

–... aquí radio FM Central al SDF-1, ¡gracias a Dios! Por favor, envíen ayuda de inmediato...

– ¡Oye, Juan... ven aquí, zopenco, escuché un mensaje en el radio! ¡Son militares, o algo así! ¡Si nos están escuchando, vengan rápido y que Dios los bendiga!

– Éste es el portaaviones Phoebe al SDF-1... nuestra actual posición es a doscientas millas náuticas de la costa de California. Hemos contactado a otras unidades de la marina que sobrevivieron, y estamos enviando helicópteros para rescatar sobrevivientes en la costa, pero nos ponemos a su disposición para lo que ustedes requieran...

– ¡Dios, no lo puedo creer! ¡Alguien más sobrevivió! ¡Estamos al borde de la ruta, a cuarenta kilómetros de Minneapolis! Hay cientos de heridos de toda la zona, y nos estamos refugiando en una estación de servicio... ¡Alguien que me diga en donde estamos exactamente!

– SD-lo que sea, aquí el refugio de defensa civil Sierra-31. Tenemos miles de refugiados y necesitamos asistencia médica de inmediato. Nuestras coordenadas son...

Docenas de voces, provenientes de unidades militares, policiales, buques mercantes, radioaficionados, estaciones de radio, cualquier sobreviviente que tuviera un radio a su alcance... Las voces poblaban ahora todas las frecuencias de comunicaciones, y Rick y Lisa se alegraron enormemente con cada una de ellas... cada voz que escuchaban era un grupo más de seres humanos que habían sobrevivido al holocausto espacial, haciendo que renacieran las esperanzas de hallar más sobrevivientes en el resto del mundo. Y con cada nueva voz que aparecía en el radio, crecían las posibilidades de la raza humana de poder reconstruir la Tierra para un mañana mejor.

– Ahora, teniente, ¿me haría el favor de contactar al SDF-1 y avisarles de nuestra situación? – le ordenó Lisa con una falsa voz de mando, a lo que Rick respondió con una posición militar exagerada sólo para tomarla de la cintura y volver a besarla.

En cuanto se separaron, Lisa se tomó un par de segundos para recuperarse de esas sensaciones a las que no quería acostumbrarse jamás. Por fin, en cuanto recobró el aliento, miró a Rick con un brillo travieso en sus ojos y se llevó las manos a su cintura.

– No pierda el tiempo, teniente Hunter. Tiene sus órdenes – susurró con una sonrisa.

– Por supuesto, comandante Hayes – dijo Rick devolviéndole la sonrisa.

Sentándose de nuevo para tener mejor acceso a la consola de instrumentos, Rick activó el radio y buscó la frecuencia de la red táctica del SDF-1.

– SDF-1, aquí Líder Skull. Respondan, por favor... – comenzó a exclamar una vez que tuvo confirmación de que había un canal abierto con la fortaleza.

La estática duró algunos segundos, hasta que la voz aniñada de Sammie Porter salió de los parlantes del radio, haciendo que Lisa dejara escapar una risita.

– ¡Teniente Hunter, aquí el SDF-1! ¡Qué gusto escucharlo, señor... creíamos que lo habíamos perdido en el combate!

A pesar de la imagen de despreocupación que Rick siempre trataba de proyectar, se permitió una expresión de sincero alivio al escuchar la voz de Sammie.

– No fue así, por suerte... no se imaginan qué gusto me da volver a verlos.

– ¿Cuáles son sus coordenadas, teniente? – inquirió Sammie.

Rick tecleó una secuencia de coordenadas, y los transmitió al SDF-1. Luego de un breve instante de silencio, en el que asumió que las operadoras de la fortaleza espacial estarían analizando las coordenadas, Sammie volvió a hablar:

– Recibimos sus coordenadas, Líder Skull... están a algunos minutos de nuestro sitio estimado de aterrizaje, teniente.

Levantando la mirada al cielo, Rick pudo divisar la golpeada silueta de la fortaleza espacial en su descenso a la Tierra. Por lo que podía ver, la nave había sufrido daños brutales durante la batalla, pero aún se veía tan imponente y poderosa como siempre. Era ahora más que una nave de guerra... era el símbolo máximo del espíritu humano, y de su voluntad de anteponerse a todas las dificultades y amenazas.

Era el heraldo del nuevo mundo que esa mañana comenzaba a nacer de entre las ruinas.

– Los puedo ver bajando a simple vista, Sammie. ¿Están todos bien en la fortaleza?

– Sufrimos daños graves y pasamos algunos momentos bastante difíciles durante la batalla, pero los civiles están bien. Estamos en la fase final del aterrizaje... tocaremos tierra en cinco minutos.

Lisa tomó a Rick del brazo y apoyó su cabeza en el hombro de él, sin hacer el menor esfuerzo por ocultar su júbilo.

– Recibido, SDF-1. Iremos para allá de inmediato – dijo Rick en tono profesional.

– La pista del Prometheus estará lista para recibirlo en cuanto hayamos aterrizado, teniente.

– Gracias, Sammie. Una cosa más...

– ¿Sí, teniente Hunter? – preguntó Sammie, y Rick miró a Lisa con cariño que ella reciprocó, y ambos se tomaron de la mano antes de que Rick respondiera:

– Alguien más viene conmigo... – dijo mientras se encontraba una vez más con los ojos de Lisa, que brillaban de amor en medio de ese nuevo amanecer.

– Entendido, teniente – dijo Sammie. – Los estaremos esperando. SDF-1, fuera.

Rick tomó asiento en su puesto y con un ademán gentil, le indicó a Lisa que se sentara otra vez sobre sus piernas. Ella no lo pensó dos veces, y luego de sentarse, se inclinó sobre Rick para besarle suavemente los labios, mientras pasaba su brazo derecho por detrás del cuello de él. La mano izquierda de Lisa tanteó hasta encontrar la mano de Rick, y con sus dedos entrelazados ambos tomaron la palanca de aceleración y la accionaron juntos.

– ¿Nos vamos?

– ¡Cuando gustes! – respondió ella con una enorme sonrisa, mirando en dirección a la fortaleza.

Las turbinas del Veritech rugieron con toda potencia, levantando polvo en todas las direcciones, y el potente caza de combate despegó para surcar los cielos una vez más, en dirección a la gigantesca fortaleza espacial que se posaba sobre la superficie de la Tierra allá en la lejanía del horizonte.



A bordo del Veritech, Rick y Lisa se miraron una vez más, y sonrieron ante la imagen del SDF-1, con el sol del amanecer semioculto tras las espaldas de la gigantesca fortaleza.

Para la humanidad entera, tanto aquellos que estaban a bordo de la invicta fortaleza espacial como para los sobrevivientes esparcidos por toda la superficie de la Tierra, ese sería el primer día de una nueva era, cargada de desafíos y dificultades, pero que enfrentarían con todas sus fuerzas, con la inquebrantable decisión de restaurar y reconstruir su devastado planeta hasta convertirlo en lo que una vez fue... y tal vez hacer de él un lugar mejor.

Pero para Rick Hunter y Lisa Hayes, que volaban abrazados uno al otro en un solitario caza Veritech, la cabeza de ella recostada en el hombro de él, ese era el primer día de lo que ambos esperaban que fuera un nuevo capítulo en sus vidas... un nuevo capítulo de descubrimiento, esperanza y amor en el que quedaría atrás la soledad y el desencuentro, en el que ya ninguno de los dos andaría solo por la vida. Ahora ellos estaban dispuestos a aprovechar esa segunda oportunidad que les había sido dada, y ninguno de los dos tenía la menor intención de dejar pasar el tiempo, ahora que por fin se habían encontrado.

Ni Rick ni Lisa podían imaginarse qué tendría el futuro reservado para ellos, y tan sólo tenían una vaga idea de los desafíos que les impondría en los años por venir la titánica tarea de reconstruir la Tierra, pero había una cosa que ahora tenían muy en claro.

Lo que sea que tuvieran que enfrentar, lo enfrentarían juntos.

FIN


Dom Nov 21, 2010 4:30 am
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